h Malinorne: Una fiesta muy esperada

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

agosto 14, 2004

Una fiesta muy esperada

"Mr. Gandalf, bring me a ring, dum-dum-dum-dum..."

El Dr. Eleder canturreaba alegremente mientras paseaba por las anchas avenidas comerciales de Ciudad Númenor. Le habían invitado al cumpleaños de una alumna; y este hecho no era algo que ocurriera muy a menudo. Las relaciones entre alumnos y profesores en la UAN era materia de sesudas disquisiciones entre todo el estamento organizativo; desde el Rector Magnífico Arcadio Robles hasta el delegado sindical del Personal No Docente, el señor Puig, todos parecían tener ideas muy claras sobre lo que un profesor podía o no podía hacer con los alumnos (claro que el Rector y el señor Puig diferían en cuáles de esas cosas podían hacerse, pero eso es otro cantar).

La cosa es que el Dr. Eleder había aceptado gustosamente, y ahora se encontraba con un cierto dilema social. Tenía la vaga noción de que una túnica negra no era el atuendo más apropiado para una celebración de este estilo, asi que había salido a surcar las calles del barrio comercial de Ciudad Númenor, con el objeto de encontrar algo apropiado.

Su entusiasmo inicial se fue aminorando según iba dejando atrás algunas de las tiendas más afamadas. "Yves Saint Lórien... oh, vaya, cerrada" "Adolfo Cavada... oh, cerrada" "Zara-gamba, moda hobbit para los tiempos que corren.. ¡También cerrada!" Estaba viendo que acabaría en el Corte Gondoriano, como le pasaba siempre. ¿Había acaso un mandamiento divino al respecto que no le habían enseñado en sus tiempos de estudiante en la asignatura de Ética Valariana? "Y Eru, después de crear la Música, el sábado por la tarde descansó". No, estaba seguro de que no. ¿Entonces por qué no podía haber una órquica tienda abierta un sábado por la tarde en toda la Isla? "Si Morgoth Bauglir volviese..." musitó, enfurruñado (tras asegurarse de que nadie oía su blasfemia).

Tras varias horas de búsqueda, se dirigió de vuelta a su apartatalan, ya resignado, pensando en si le daría tiempo coserse algo de pasamanería en la túnica, cuando por fin reparó en la famosa tienda de ropa silvana donde compraba de joven: _Tuilarwa_, cuya enseña era precisamente un roble lozano y erguido. "¡Bien! Manwë ha oído mis plegarias" (el doctor podía pasar instantáneamente de la beatitud a las blasfemias contra los Valar, dependiendo de su estado de ánimo). Se dirigió al cajero automático de la Caja de Ahorros de Númenór, Endor y Otros (CANEO), donde guardaba los magros ahorros que su magro sueldo de catedrático le permitía, y tuvo que esforzarse en discutir con el palantír tesorero, que por una extraña razón, parecía haber entrado en un curioso bucle en el que su única posible respuesta era "No". El doctor pensó que esta característica parecía unificar a todos los tesoreros de todas las realidades (e incluso de alguna teoricidad). Por fin, consiguió extraer de las fauces del palantír, con más esfuerzos que los que necesitó Beren para cortar el segundo silmaril, un billete de veinte númenóres que parecía sonreirle irónicamente. El doctor suspiró, y entró en la tienda; de esta experiencia hablaremos en otro momento.

Finalmente salió con un par de prendas compradas y probadas, y su ánimo volvió a elevarse. Faltaban ya pocas horas para la celebración, y al doctor Eleder le encantaban las celebraciones, del tipo que fueran. Pero más aún cuando iba a estar rodeado de simpáticos y atentos jóvenes y jóvenas; cuando podría recordar los alegres tiempos de su juventud y mocedad, como aquella vez en la que secuestraron un autobús vestidos de vikingo y... El dr. carraspeó audiblemente, como para no dejar que sus recuerdos fueran demasiado lejos; algún viandante inclusó elevó una ceja, intrigado al ver a esa extraña persona que, embutido en unos improbables pantalones cortos veraniegos y unas bambas azules, carraspeaba como hablando consigo mismo...

Pero en fin, el día era propicio, pensaba Eleder (aunque no tenía demasiado claro de propicio para qué). El sol brillaba, los _lómelindi_ cantaban, y una fiesta de cumpleaños donde correría el limpe, el mirúvor y las orcocolas le esperaban... rodeado de amables y complacientes alumnos... y, sobre todo, lejos de las miradas inquisitoriales de todos sus colegas. Sí, iba a ser divertido. Y volvió a canturrear, mientras se acercaba ya a la puerta del edificio donde tendría lugar la fiesta:

"Be it the mightiest that I've ever seen.... EH??????"

Y en la puerta, mirando sonriente al dr., se encontraba la catedrática Gil-Galen, con su consorte Elentan.

-¡Hombre, Eleder! ¿Tú por aquí? ¡Qué alegría verte!

-Ehm... -Eleder se quedó paralizado por unos minutos- Este... sí, qué... alegría, ehm... ¿Qué haces tú aquí?

-Oh, es la fiesta de cumpleaños de una de mis alumnas de Costurería Friki, ¿sabes? Nos ha invitado, y es aquí donde vive. ¿Y tú? ¿Hay alguna librería de viejo donde vas a comprar algún incunabe de _La lengua de los elfos_? -Y le sonrió de nuevo, esplendorosa.

-Eh... no... yo... bueno, también me han invitado... es una alumna de primero de Quenya, y...

-¡¡Pero pero pero espléndido!! -cortó Gil-Galen, que le tomó del brazo y le llevó hacia el ascensor- ¡Estoy encantada! Pues subamos, subamos... Ay, qué suerte has tenido, ¿qué habrías hecho tú en una fiesta así sin una colega profesora que te cuidara, verdad?"

Y emprendieron la subida, mientras el doctor musitaba tristemente "sí... cierto... qué habría hecho yo, la verdad...". Y llamaron a la puerta de la fiesta.

1 Comentarios:

Blogger Luiyo dice...

Esa fiesta suena interesante, ya nos contarás como acaba!!

9:11 p. m.  

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