h Malinorne: La Silvanidad

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

octubre 19, 2004

La Silvanidad

Llovía sobre Nueva Númenor. Llovía, y cada gota era un sonoro aldabonazo sobre la conciencia del Doctor Eleder, que paseaba, lánguido y sin fuerzas, por la Alameda de la Elanor. "Un mes, un mes entero sin llover... un mes sin ver una gota de agua... y llueve ahora", pensaba, "¿Cómo es posible...? ¿¿Cómo puede ser que los Valar sean tan capaces de reconocer el momento exacto en que pongo mi ropa a tender?? ¿Por qué son tan crueles?", y meneaba la cabeza, triste.

Se detuvo; había llegado a su destino. Un letrero, de roble macizo, y coloreado en verde y marrón, estaba clavado firme en el portal frente a él, y rezaba: "DORENAND - Centro de Promoción, Estudio y Difusión de la Cultura Silvana".

El Doctor Eleder nunca había sido muy celoso de sus orígenes silvanos; de hecho, poca gente entendía su desmedido afán por el quenya en su juventud. Pero algo lo había llevado hasta allí. Así que tomó el picaporte, abrió la puerta y entró.

Tras ascender unos cuantos pisos, abrió una puerta, y entró en el salón. Una decoración clásica rodeaba un escritorio con una ajada silla, y al otro lado se sentaba una figura que, al ver a Eleder, se levantó raudamente y se acercó a él ofreciéndole la mano.

-¡Señor Eleder! ¡Es todo un placer! Mi nombre es Fiondil, para servirle. ¡Mucho gusto en recibir a toda una Leyenda de la Silvanidad por aquí! ¡Pase, pase! ¡Siéntese! ¿Quiere algo de beber?

-Una orcoc... -empezó Eleder mecánicamente, para componerse después y terminar- Nada, nada. Eh... -Eleder pareció no tener claro qué decir.

-¡Bueno, bueno, bueno! ¿Así que está interesado en hacerse socio? ¿Desea cultivar con nosotros los valores de la Silvanidad?

-Eh... bueno... Sí, la verdad es que... hace tiempo que no paso por el Bosque, pero...

-¡No se preocupe, doctor, no se preocupe! ¡En Dorenand tenemos sitio todos; Silvanos, Laiquendi, Nandor, Lindor, Avari, Falathrim, kinn-lai, windan, cuind, penni, hwenti, kindi, mendi y lerendi! ¡Todos los descendientes de la gloriosa Tercera Casa de los elfos! ¿Seguro que no quiere tomar nada? ¿Un licor de Frutas del Bosque, quizás?

-Eh... no, gracias... Bueno, yo... -Eleder empezaba a sentir que no llevaba el peso de la conversación- Leí hace tiempo su ensayo sobre la lengua silvana, y me gustó mucho...

-Oh, gracias, pero no fue para tanto... pero ¡no hablemos de mí! ¿Quiere saber qué ventajas va a obtener al afiliarse? Podrá comunicarse con muchos de nuestros compañeros de pueblo, y hablar con ellos de temas auténticamente silvanos; criticar a Noldor y Sindar a discreción y sin problemas; tocar música... ¿Usted cantó en su juventud, verdad? -Eleder carraspeó- ¡Ah! ¡Y algo importante! ¡Aquí tiene, una invitación a la exclusiva Peña Silvana, el lugar donde podrá usted asistir por palantir a los partidos de fútbol del Athletic del Bosque, el único equipo de fútbol de la Liga de Endor que juega íntegramente con silvanos! ¿No le parece bastante? ¡Todo esto, sólo por...!

-Eh... no, no me hable de dinero... Cárguelo aquí directamente -y le alargó su tarjeta de crédito del CANEO (Caja de Ahorros de Númenor, Endor y Otros), para ver cómo Fiondil ponía cara de desagrado ante ella- Eh... sí, eh, es que la tarjeta de la Caja de Ahorros Silvana (la CAS) la tengo para otros... eh... la uso como alternativa, sabe... -Eleder vio que se estaba metiendo en un berenjenal demasiado complicado, y se calló. Fiondil suspiró, se llevó la tarjeta, y volvió con un bonito carnet, resplandeciente, de brillantes colores, y con una leyenda en una de sus caras que Eleder no acertó a comprender.

-Bueno, bueno; ¡aquí tiene! ¡Este precioso carnet que le hace miembro de pleno derecho de Dorenand! ¡Espero que le veamos mucho por aquí, en las Tertulias Silvanas de los domingos! Tenemos Pach-Aran de calidad, ya lo verá. ¡Y traiga algo para leer! ¡Seguro que será interesante! Nos reunimos en el último piso, ¡como es natural en silvanos, ¿verdad?! ¡Ja, ja! Algunos dijeron de reunirnos a oscuras, por eso de ser Moriquendi, pero no hay que exagerar, ¿verdad? ¡Ja, ja! ¡Nos vemos! ¡Oh! ¡No, perdone un momento!

-¿Sí? -se detuvo Eleder, con la mano ya en el pomo.

-¡Se me olvidaba! ¿Dónde queda la hospitalidad silvana? Aquí tiene usted, doctor Eleder, como obsequio... ¡una simpática Bolsa donde puede meter los objetos que usted desee! ¡Úsela para traer una copia de su próximo artículo! ¡Ja, ja!

Y Eleder salió nuevamente al descansillo, para ver cómo otra persona, de esbelto y digno porte, se dirigía a la puerta que él acababa de traspasar; y mientras tomaba el ascensor, comenzó a oir "¡Señor Lelldorian! ¡Es todo un placer!". Eleder movió la cabeza y subió al ascensor, pensando en que, efectivamente, la próxima vez que fuera leería algo. Y comenzó a tomar notas.

1 Comentarios:

Blogger Fiondil dice...

Veo que mi agresiva campaña de publicidad barata surge sus efectos y los tímidos sentimientos de la Silvanidad afloran incluso en las eminencias como el erudito del quenya Eleder y el famoso arquero Lelldorian (¡Sí! ¡Es que el que sale en la colección de cromos Grandes Deportistas de Nueva Númenor, ídolo de jovencitas!).
A ver si con estas influencias el Seminario de tarde sobre la Lengua Silvana es al fin admitido en la facultad de Elfilología...la última vez que solicite un puesto de profesor adjunto hice mucha amistad con los Balrogsbedeles...

8:53 p. m.  

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