h Malinorne: noviembre 2004

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

noviembre 27, 2004

HITHLUMINATI - III

El mûmak-bus avanzaba surcando a toda velocidad las callejuelas más oscuras de Ciudad Númenor. El conductor, un enmascarado y siniestro personaje, echaba miradas hacia sus asustados prisioneros, mientras musitaba “Je, je, je… Lo hemosss conssseguido…. Ya sssoiss nuesstrosss…”.

Eleder se sujetaba a los asientos para no salir despedido a causa de los tumbos, mientras musitaba “Umm… sobreactúa un poco…”. Eledhwen miraba alternativamente al horrendo Hithluminado y a Eleder, sin tener claro a cuál de los dos miraba con más odio.

-¿Te das cuenta, Eleder? ¡Por tu culpa nos hemos metido en este lío?
-Claro, claro –respondía éste-; muy típico de los alumnos. Te esfuerzas todo lo que puedes por ayudarles a aprobar, al final suspenden, y encima luego es culpa tuya…
-¿Cómo que ayudar? Pero si tú…
-Oigan –les interrumpió Celebnár-, perdonen que les molestemos, pero hemos sido secuestrados por un grupo de malignos conspiradores; estamos siendo conducidos a un incierto destino, ¿y creen que es buen momento para discutir de política educativa?
Eleder y Eledhwen resoplaron y se cruzaron de brazos, enfurruñados. De pronto Feadûr alzó su mirada del libro de rol que llevaba consigo y dijo:
.¡Miren! Parece que ya hemos llegado.

El mûmak se detuvo frente a una destartalada fachada de uralita. El conductor se dirigió a ellos y les hizo bajar por gestos. Eleder musitó: “No… creo que el comienzo del tercer capítulo no es aún el momento para una huida heróica; rompería todas las leyes de la narrativa fantástica”, mientras bajaba por las escaleras y contemplaba a una fornida mujer que, ataviada con un oscuro delantal, ofrecía una botella al conductor, felicitándole con un “Muy bien, Yoja, muy bien”. “Lol”, contesto éste, tomando la botella con las dos manos y atravesando la puerta.

-Bien… A ver, vosotros; dejad todas las armas aquí –les conminó la mujer-. Y tú –se dirigió a Eleder-, deja tu vara.
-¿Cómo? –Eleder la miró fijamente.
-Eh… -la mujer pareció desconcertada- Yo… nada, nada; creo que ha sido un despiste. Bueno, pues… deja tu… ¿túnica?
Eleder enarcó las cejas, mientras Celebnár soltaba una risita, Eledhwen resoplaba y Feadûr se escandalizaba.
-¡TABERNERA! ¿QUÉ BALROGS HACES AHÍ? ¡MÉTELOS YA DE UNA VEZ!
-Ops… Bueno… ¡Adentro todos! –y comenzó a empujarles hacia el interior de la guarida.

Pese a lo anodino de la fachada, el interior se encontraba recargado con símbolos esotéricos, transmisores del caos y el sinsentido: simbelmynes secas, tréboles de dos hojas, y, lo que indignó al Doctor Eleder, una imagen de tortuga parecida a la mascota de la UAN, a la que habían despojado de su caparazón, y, con cara de avergonzada, se cubría como podía de las miradas; sobre ella, un letrero rezaba “NUA”.

Al fondo, sobre un estrado, tres personas presidían el antro tras una maciza mesa. A ambos lados, dos grandes estandartes colgaban desde el techo; una claraboya situada cerca dejaba pasar la luz, otorgando a la sala un aspecto algo fantasmagórico. Sobre la mesa descansaba una gran Ballesta, símbolo esotérico de la Antitolkienidad.

Uno de los conspiradores, que presidía la mesa, dio dos golpes en ella con su puño y gritó: “¡SILENCIO!”
-Pero si no estaba hablando nadie –musitó Feadûr.
-Es por el efecto dramático –le contestó Celebnár.

-¡Bien! Declaro que comienza la sesión de esta reunión del Frente Popular Hithluminado. ¡Un día menos para el Dominio del Mundo! –“Qué típico”, se oyó, seguido por un “Cállate, Eleder”- Queridos hermanos, hagamos recuento de nuestras nuevas conquistas desde la última sesión. Señor Turyn… Haga el favor…
-Bien, bien –tomó la palabra otro de ellos, tras carraspear-. En las últimas semanas, el Frente Popular Hithluminado ha tomado el control de los siguientes Colectivos Sociales –sacó un papel y comenzó a recitar una larga lista, en la que se encontraban “Conductores de Mumaks” (al oir esto el tal Yoja sonrió y musitó “lol”), “Recolectores de Endrinas Salvajes” e “Instaladores de Cascadas Portátiles en Submarinos”. Nuestros amigos escuchaban, anonanados: si el resto de las facciones dominaban al mismo número de colectivos sociales, parecía que poca gente escapaba ya a su control; podrían hasta ganar las próximas elecciones que se celebraran.

El tla Turyn continuó, pero cuando llegó a “Catedráticos de Quenya”, se oyó un “¡NUNCA!”, y se detuvo en seco. Todos los ojos miraron al Doctor Eleder, quien, señalando con un dedo extendido a los conspiradores, les gritó:
-¡Nunca podrán dominar al Colectivo de Catedráticos de Quenya! ¡Olvídense de eso! Y ¿saben por qué? ¡Porque no existe tal Colectivo! ¡El único Catedrático de Quenya que existe soy yo! ¡Nadie ha podido arrebatarme tal honor, y nadie podrá!

Turyn se quedó como petrificado, sin saber qué responder; pero el presidente de la mesa sonrió malignamente, y respondió:
-Mi estimado Doctor… Tienes mucha razón. El Doctor Eleder es el único Catedrático de Quenya. Nunca podremos cambiar eso; pero sí podremos cambiar… ¡al Doctor Eleder! ¡Mira esto! –Y arrebató su máscara a la persona sentada a su izquierda, que aún no había hablado. Eleder vio, con estupor, una cara conocida:
-¿Elden? ¿Elden el feanoriano? ¿Tú aquí?
-¡No, querido doctor, ya no soy tu estimado “Elden”! ¡Ya no soy un joven despreocupado como era antes! ¡Ahora soy el maligno Eleden! ¡Desde que dejé las JJNN y abracé Hithluminati, he sido entrenado para reemplazarte en la UAN! ¡Venceremos donde Cambragol fracasó!
-Y, si hiciera falta –continuó el presidente de la mesa-, gracias a lo apropiado de su nombre, ¡podría sustituir hasta a Eledhwen!

-¡Esto es absurdo! –gritó Eleder- Ni en las peores novelas de Dragonlance se podría encontrar una conspiración tan ridícula. ¡No es posible resistirlo! ¿Saben lo que les digo? –hizo una pausa dramática, de las que tanto le gustaban, y continuó- Que el final del Tercer Capítulo sí es un buen momento para una Huida Heróica –miró los estandartes, miró a Celebnár y Feadûr, y les conminó: -¡Por la UAN! ¡Por Dick Turpin! ¡AHORA!

Celebnár y Feadûr se miraron, miraron a las huestes de malignos personajes que permanecían detenidos sin saber que hacer, y echaron a correr cada uno hacia uno de los dos estandartes. De un gran salto se agrarraron a ellos, y comenzaron a trepar, para alcanzar la claraboya, salir al exterior, pedir ayuda y solucionar el problema. Los esbirros Hithluminati comenzaron a correr de un lado a otro, moviendo las manos desaforadamente.

De pronto se oyó “clic”, y se vio como dos preciosos estandartes caían al suelo, tras haber cedido la cuerda que los sostenía, que obviamente no estaba pensada para aguantar el peso de dos alumnos trepadores; el resultado fue un bulto de almuno envuelto en estandarte a cada lado de la mesa, un Eleder mirando atónito, y unos extras Hithluminati parados en su lugar sin tener todavía muy claro su papel en esta parte de la historia.

Eleder se volvió a Eledhwen.
-Eledhwen, ¡es tu momento! ¡Ahora que todos están desorientados! ¡Corre, toma esa –dudó un momento- Ballesta, amenázales con ellos y salgamos de aquí! ¡¡Hazlo ya!!
-Eleder -dijo Eledhwen entre dientes-; No Me Des Órdenes.
El profesor y la becaria volvieron a sostenerse mutuamente la mirada (aclaremos antes que nada: ésta es una historia de la UAN; no una absurda superproducción de grandes estudios de la Saga Realidad. En las escenas entre Eledhwen y Eleder NO, repetimos, NO se deja traslucir la más mínima tensión sexual en ningún momento. Lo aclaramos por si acaso). Por fin, Eledhwen gruñó, miró la ballesta, miró a Eleder y respondió:
-…Voy a por la Ballesta porque quiero.
Y echó a correr. Agarró la Ballesta, tomó al Presidente por el cuello, y apuntándole a la nuez, le dijo:
-Muy bien… Ahora el control lo tenemos nosotros, muchachito. Vamos a ver quién es el que se esconde tras esa máscara-. Le arrebató el antifaz, y dijo: -Andûr, ¿verdad? Sabía que serías tú… Siempre necesitando de los demás para alcanzar tus objetivos…
-¡Señor Andûr! –Eleder estaba sorprendido- Yo le conozco… Vino a mi despacho hace unos días para solicitarme ayuda para resolver cierto problema relacionado con una pelotita y unos agujeros…
-Es inútil, Eleder –“¡Oiga! ¡Sin faltar al Profesor!” se oyó desde el montón de estandarte de la izquierda-. Creéis que habéis vencido… Pero aún necesitáis la contraseña… y tendréis que ir a por ella a…

-¡Aquí mismo, señores, aquí mismo! –las puertas de la sala se abrieron de repente, y comenzaron a entrar decenas y decenas de personas que, con todo tipo de armas automáticas, tomaron las esquinas de las salas y rodearon a todos los presentes. Uno de ellos, elegantemente vestido, mostró un sobre blanco lacrado y dijo: -Sabíamos que nuestros compañeros fracasarían lamentablemente… así que pasamos por casa de la señorita y tomamos esto. Y ahora os tenemos a todos.

-¡Maldición… El Frente Hithluminado Popular! –sollozó Kalruth.
Y Yajo, Elden y Turyn se miraron, miraron a Celebnár y Feadûr, que asomaban su cabeza por debajo de los rollos de estandarte, y gritaron todos a una:
-

¡¡¡DISIDENTES!!!


-Tenía que ocurrir –dijo triste Eleder, mientras Eledhwen soltaba la ballesta y suspiraba- ¿Y ahora?

noviembre 16, 2004

HITHLUMINATI - II

Eleder, Feadûr, Celebnár y Eledhwen caminaban presurosos por una de las avenidas más populosas de Ciudad Númenor. Había pocas carrozas por la calle. Se detuvieron en una parada de mûmak-bus; y mientras esperaban su llegada, Eledhwen se volvió hacia Eleder:
-Eh… ¿Está seguro de esto, Doc? Mire que se puede meter en un buen lío… Esto no es un crucigrama quenya ni un acertijo hobbit, ¿sabe?
-¡Señorita! –replicó Eleder, airado- ¡Está usted hablando con el Doctor Eleder, El Que Sacó Más De Tres Puntos En El Examen De DDIPE, puntuación que nadie en la Historia ni en las Leyendas ha podido superar, salvo Uno! Usted esté tranquila, que en menos que canta Maglor habremos resuelto lo que le inquieta.

Feadûr dio un codazo a Celebnár, y le susurró: -Oye… ¿tú sabes qué es eso del DDIPE?
-¡Claro! –respondió ella, igualmente entre murmullos- Es el Departamento de Datos Intrascendentes y Preguntas Estúpidas del doctor Calacolindo. Me estudié su temario hace unos meses.
-¿¿Cómo?? ¡¡Ahora entiendo lo de tus preguntas absurdas en el Trivial!! –respondió Feadûr, indignado -¡Y dijiste que te sabías la de “Cuánto medía la cuerda que los elfos de Lórien dieron a Sam” porque te ibas a especializar en Cordelería Hobbítica!

Mientras los alumnos discutían, llegó el mûmak que les llevaría a casa de Eledhwen. Tras acomodarse en él, Eleder cruzó los brazos, miró a la semielfa y le conminó:
-Bien, aquí ya estamos en toda intimidad. Díganos de qué se trata lo que tiene que hacer.
Eledhwen miró a sus tres compañeros de viaje. –Bueno… es una tarea bastante dura, Doc; ¿está seguro de que estos chavales podrán…?
-¡¡No pasa nada!! ¡Seremos muy útiles, ya lo verán! –gritó Feadûr.
-¡¡Claro que sí!! ¡Tenemos experiencia! –siguió Celebnár.
Eleder les miró.
-Disculpen… ¿Cómo dicen que tienen experiencia si la señorita Eledhwen aún ni tan siquiera nos ha dicho de qué se trata?
Los compañeros se miraron.
-Bueno… Da igual; seguro que tenemos experiencia –respondió ella-. Hemos hecho muchas cosas; tenemos experiencia en casi todo.
Eledhwen suspiró. –Bueno, doc; tú lo has querido –dijo-. Ésta es la historia:

***********
Hace mucho, mucho tiempo, más allá de ríos, páramos y campos, existía la Tierra de Hithlum; rodeada por la niebla, las tinieblas y la bruma, convivían en ella extraños seres legendarios con épicos y bravos héroes. Se hablaba del gran Barborus, temible ser arbóreo de depravadas costumbres, pues gustaba de comerse a los orcos; de Handûr el Grande, oscuro rey de las Riberas Sombrías, de costumbres aún más depravadas, pues gustaba de comer CON los orcos. Se mentaban otros seres aún más terribles, como el Vil Cambragius que engañaba a sus víctimas con voces que parecían ser quenya, o del mago Akinius, que, armado con una pequeña vara de arce, mantenía a raya a los espectros.

Los tiempos y las Edades pasaron. Para cuando llegó la Novena Edad, Hithlum era una región fértil y populosa, de pintorescos y agradables paisajes, surcada por antiguos caminos y de variada y sana gastronomía. En las Montañas del Eco se habían creado estudios de grabación, la Cirith Nínniach albergaba campeonatos de puenting, y en el Lago Mithrim se cosechaban mejillones.

Pero algunos no habían olvidado las Antiguas Tradiciones. Por doquier subsistían Hermandades Oscuras, llamadas Hithluminati, que ambicionaban su gloria de antaño. Se decía que extendían sus tentáculos incluso por las modernas y evolucionadas ciudades de Elendalf, Eglarest y Artalonde. Nada se escapaba a su control… ¿Nada? ¡Alguien lo hizo!

Una semielfa había conseguido escapar, principalmente gracias a que casi nadie creía en su existencia. Y sabía que los Hithluminati guardaban el arma que les destruiría en un sitio seguro: la Caja Fuerte del Rector de la Universidad Autónoma de Númenor. Pues decía la leyenda que esa caja nunca era abierta, porque era de allí de donde surgían los sueldos para los profesores, de manera que no había en toda Arda lugar más seguro que ése.

Y la caja tenía una combinación, que los Hithluminati protegían y guardaban; y si la semielfa lograba descubrirla…
***********

-…acabaré con ellos. Eso es lo que dice el trasfondo del juego –terminó Eledhwen, en un silencio sólo roto por el motor del mûmak; y miró a Eleder, que seguía cruzado de brazos, sonriendo.
-Ya entiendo, ya entiendo. Muy bien; por favor, señorita Eledhwen, Celebnár, Feadûr… no se preocupen de nada. Sé cómo funcionan estas cosas. ¿No he sido acaso largos años compañero de claustro de Gil-Galen? ¿No he oído hablar de todos los entresijos de todos los juegos de tablero? Para obtener la combinación hay que escapar de las acechanzas de los rivales, penetrar en el Lugar Secreto, confiar en el azar… ¿se jugará con dados de 12, no? Y la última partida se jugará en su apartamento, ¿no?
-Eh… Bueno, sí, pero Doc, no te confíes; recuerda la última vez que te retaron a algo… Todavía hay chistes sobre
-ESO NO VIENE AL CASO, gracias, señorita Eledhwen, ningún problema, la combinación será de las típicas, un número y una letra, ¿no es así? Y estará en su casa en un sobre, ¿me equivoco?
-No, no te equivocas, Eleder, pero escúchame, por todos los Balrogs, vas a conseguir que…
-¡Un número y una letra! Eso tiene que ser fácil… ¿1-A, por ejemplo? –cortó Celebnár.
-Bueno, no hay tantas combinaciones… podemos probarlas todas, si no… 4-D, por ejemplo… -continuó Feadûr.
-Pues nada; a su casa, señorita, a coger el sobre, luego a donde el Rector, y hala, a trabajar para preparar Yule… De paso podremos saludar a sus compañeros… pero bueno, dígame, ¿y en qué se juega esto? ¿En tablero, en mesa, con dados, cartas coleccionables…? ¡Me encantará ver…!
-¡ELEDER! ¡MALDITO ESTÚPIDO! –gritó Eledhwen, señalando al comienzo del mûmak.

Una horrible cara enmascarada miraba desde el asiento del conductor a los cuatro compañeros con una siniestra sonrisa. Era una de esas sonrisas que daban a entender que si se quitaba la máscara, el resultado sería aún más horrible. Sostenía el volante con una mano, y con la otra, les apuntaba con una diabólica y tenebrosa arma salida desde los más ocultos infiernos: una Ballesta. Sólo verla heló la sangre de Eleder.

-En vivo… -oyó farfullar a Eledhwen- Maldito idiota… Se juega EN VIVO… y ahora…
-Os atrapamossssssss……. Oh, sí, os atrapamosssss…… Y vendréisssss…. Con nosotrosssssssss!!!!! –y pegó un tremendo volantazo que desvió al mûmak de su ruta y lo hizo penetrar en un oscuro callejón, dando unos tumbos que hacían recordar a un trol borracho siguiendo la línea blanca.

-Bueno, aquí tiene, Eleder… Usted mismo lo quiso. Tendrá suerte si salimos de ésta para Yule… -musitó Eledhwen.
-De hecho, ¡tendremos suerte si salimos! –matizó Celebnár.
-¡Bueno, bueno! ¡No se preocupen! ¿Saben lo que les digo? Lo conseguiremos; derrotaremos a esos seres, alcanzaremos su Lugar Secreto; robaremos la combinación, ¡y descubrirán que La Maldad, El Terror y El Miedo no pueden apagar la Llama de la Sabiduría, la Ciencia y el Saber! ¡Amigos, compañeros… ¿qué digo?! ¡Seremos más que amigos en esta aventura! –alguien carraspeó-. ¡Seremos La Comunidad de Hithluminati! –una banda sonora pareció descender sobre los cuatro, y se oyeron “¡Sí!” “¡Bravo!” “¡Por supuesto!” “¡Ja, ja, ja!ª Y tras una breve pausa: “¡Bien! ¿…A dónde vamos?”.

Celebnár, Eleder y Eledhwen miraron fijamente a Feadûr.

-Eh… je, je, era una broma.


La aventura más peligrosa del Doctor Eleder había comenzado… ¿Se acabarían aquí las andanzas del Catedrático, y la Evaluación Contínua de sus alumnos?

La respuesta, entre HITHLUMINATI

noviembre 08, 2004

HITHLUMINATI - I

Cuatro personas avanzaban apresuradas por los pasillos de la Universidad. El primero de ellos era el Doctor Eleder, con expresión de preocupación en su rostro. Le seguían dos jóvenes estudiantes, y cerraba el grupo Eledhwen, la sempiterna becaria de la UAN.

Ignorando las miradas de algunos alumnos, atravesaron el campus y llegaron a un despacho sin nombre ni placa. Eleder sacó una llave del bolsillo de su túnica, abrió la puerta y entró, seguido por el resto. Una pequeña nube de polvo se alzó cordial tras el golpe de la puerta al cerrarse, como saludando a los visitantes.

-Aquí estaremos seguros –dijo Eleder-. Es el despacho que me corresponde como Catedrático; no lo uso casi nunca. Bien, tomen asiento donde quieran.

Eledhwen, Celebnár y Feadûr se miraron. La invitación de Eleder parecía equivaler a “quédense de pie donde están”, a no ser que tuvieran el arrojo suficiente como para pelear con tomos y tomos de tratados de todas las ramas de la lingüística, algunos de ellos tan viejos que parecían haber estado encima de esas sillas antes de que se construyera el despacho, y que daban la impresión de estar escritos en sárati, en vez de en tengwar.

-Bueno –continuó el doctor-. Les presentaré, antes que nada. Eledhwen, Celebnár y Feadûr –Eledhwen dio dos besos a la estudiante, y después a su compañero-. Celebnár, Feadûr y Eledhwen –Los estudiantes se miraron, pero volvieron a darse los besos de rigor-. Feadûr, Eledhwen y Celebnár –los estudiantes volvieron a mirarse, luego miraron a Eleder y se quedaron parados-. Celebnár, Eledhwen y Feadûr. Eledhwen, Feadûr y Celebnár. Fead…
-DOCTOR!!!!!!! –bramó Eledhwen, haciendo parpadear sorprendido a Eleder, y esbozar una sonrisa a los otros- Siga, por favor.

Eleder suspiró, movió la cabeza y continuó: -Bueno. Celebnár y Feadûr son alumnos de la Universidad; están cursando este año su Beca de Colaboración, siguiendo los requisitos de la NOB (Normativa Oficial de Becas), y el Departamento, siguiendo un proceso imparcial, les he adscrit… les HA adscrito, quiero decir, a mí. Y Eledhwen es una veterana becaria del Centro; lleva más tiempo como becaria que la mayoría de los alumnos como alumnos, y que muchos profesores como profesores. Bien; les he convocado, porque necesito su ayuda.

-¡Diga qué necesita, Doctor Eleder! –dijo Celebnár, en tono elevado.
-¡Estamos para ayudarle en lo que sea! –concluyó Feadûr.
-Me da miedo, Doc –respondió Eledhwen-. ¿En qué problema se ha metido esta vez?
-No es ningún problema, señorita Eledhwen –le respondió, ceñudo, Eleder-. Tengo que cumplir un encargo del Rector; he de organizar este año las FIESTAS DE YULE.

Si Eleder esperaba un coro de suspiros atemorizados, de expresiones expectantes o de susurros temerosos, seguramente quedó defraudado al ver la cara de “¿Yule? ¿Eso qué es?” de Feadûr, de “¿Fiestas? ¿Fiestas? ¡Bien!” de Celebnár, y de “Oh, bueno, otra vez eso” de Eledhwen.

-Bueno, no hay ningún problema –dijo Eledhwen-. Hablaré con el señor Erestor, seguro que algo podemos hacer. Lo iremos pensando, y en diciembre volvemos a juntarnos para empezar a trabajar. No se preocupe; y ahora, si me disculp… -Eledhwen detuvo su mano, que estaba a punto de recoger su abrigo, al ver la expresión severa de Eleder-. Eh… es que, he quedado, y llego tard…
-Un becario nunca llega tarde, señorita Eledhwen; ni pronto; llega exactamente cuando le dejan –respondió Eleder, que sostuvo su mirada hasta que la semielfa volvió a sentarse-. Nada de diciembre. No volverá a ocurrirnos lo de todos los años. Empezaremos mañana mismo.
-Eh, uh, bueno, yo, es que… -Eledhwen pareció turbada-. ¿Trabajar en noviembre, Doc? Es que… bueno, mire, es que tengo un problema… Noviembre me viene un poco mal…
-¿Mal? ¿Por qué? –la cara de Eleder dejaba traslucir que pocas respuestas se considerarían correctas ante esta pregunta-.
-Eh… es que… bueno, se lo diré, qué Balrogs; tengo que realizar una tarea, dentro de una partida que estoy jugando con unos compañeros de Hithlum, mi tierra natal, sabe. Es muy importante; y creo que tardaré todo el mes en conseguirlo.
-¿Partida? ¿Jugar? –repuso Eleder-. ¡Ya estoy harto del tiempo que les llevan esas tonterías de juegos de cartas, de tablero y demás insensateces! ¿Pretenden convertirse así en gente de provecho alguna vez? –Eleder no vio a Celebnár dando codazos a Feadûr, que dio un respingo y buscó rápidamente algo con lo que esconder el reglamento de “La Leyenda de los Veinte Anillos” que llevaba consigo.

Eleder y Eledhwen se miraron fijamente. Desafiantes. Ya el despacho había estado silencioso, pero en comparación con el silencio que se hizo mientras el silvano y la semielfo se miraban, el anterior silencio parecía el sigilo de una manada de olifantes cargando contra un almacén de porcelanas. Celebnár y Feadûr entendieron que se hallaban ante un verdadero duelo de voluntades, sigiloso y callado; parecía que en cualquier momento iban a comenzar a arrojarse al techo golpeando con sus báculos.

Por fin, Eleder suspiró, miró a Eledhwen y le dijo: -Está bien, señorita. ¿De qué recontraBalrogs de juego se trata?
-Es… un juego muy famoso por el norte, Doctor –respondió Eledhwen, respirando-. Trata de… bueno, conquistar el mundo, manipular a la sociedad, esas cosas, ya sabe. Se llama HITHLUMINATI.
-¡Oh, bueno! Por lo menos no se trata de Saga Realidad. Bien; pues le diré lo que haremos –Eleder se levantó, hizo un gesto a sus colaboradores, tomó su abrigo y se dirigió a la puerta-. Saldremos ahora mismo con usted; nos explicará su problema, se lo resolveremos, y podremos ponernos a trabajar de una vez. Vamos –y les hizo una seña para que salieran. Algunos de los manuscritos suspiraron aliviados.
-¡Doctor Eleder! Pero… ¡no puede hacer eso!- No es… bueno, es un juego que… Yo no, usted no… Usted es un Catedrático, no puede…
-¿Que no puedo qué? Muchos intentaron retar al Doctor Eleder, y pocos pudieron contarlo. Vámonos. Y usted, señor Feadûr, deje sobre la mesa la carpeta con los facsímiles de la primera edición del Valaquenta con la que ha escondido ese estúpido libro de los Veinte Anillos. ¿Cómo puede jugar a eso? Por lo menos, Tierras de Tinieblas tienen un pase. Siempre que no salgan Hombres-Huargo, claro. Odio a los Huarguinos –Feadûr dejó, asustado, la carpeta sobre la mesa, y siguió a Celebnár, expectante, y Eledhwen, preocupada.

Hithluminati les esperaba.



(Nota: Toda relación de esta serie de posts con el juego Illuminati es totalmente casual y no ha sido buscada por el autor. Es curioso que siendo así haya salido tan parecido, ¿verdad? Sí, yo también me he extrañado)