h Malinorne: enero 2005

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

enero 24, 2005

HITHLUMINATI - V y final

Decíamos...

Hûan se acercó a ellos (o mejor dicho, a su vertical), y con una sonrisa, proclamó:

-¡Bueno! Esto se acaba, queridos compañeros. Es una pena que tenga que terminar así. Habría sido más útil poder controlaros; pero, por lo que vemos, vuestra tozudez no nos deja otra salida que destruiros. Así que vamos a ello. Cortad la cuerda -y los esbirros comenzaron a acercar de forma vacilante el serrucho al hilo del que pendía, de un modo bastante literal, la vida de nuestros héroes.


-¡¡Espera!! ¡No puedes hacer eso! -gritó Celebnár, a la desesperada.

Hûan le miró. -Ah, ¿no? ¿Y por qué, si puede saberse? -le replicó.

-Pues... porque... ¡Porque no has soltado el Discurso! ¡No puedes matar a unos héroes así, sin más ni más, sin pronunciar el típico Discurso! ¡Va en contra de todas las leyes de... ehm... vamos, que no puedes!

Hûan se quedó callado un momento. -Un discurso... sí, puede que tengas razón. Hay que dar solemnidad a este momento -y, tomando aire, gritó con una voz atronadora que estuvo a punto de derribar a los esbirros de su escalera: -¡¡PUEBLOS DE HITHLUM!!

-¡¡Pueblos de Hithlum!! ¡Han sido demasiados años, demasiadas Edades de soportar el deshonor, la injuria y el desprecio! ¿Dónde está el orgullo y el honor de los sagrados hijos de Fingolfin? Nuestras costumbres han sido pisoteadas; nuestros juramentos, olvidados; y las injurias que un día nos hacían hervir de ira, hoy son ignoradas por todos. ¿Podemos soportar esto más?

"¡¡Yo os digo NO!! El momento está aquí; ¡¡comienza la Era de los Noldor!! ¡Vengaremos las ofensas que ensucian nuestro honor, y haremos que este mundo rastrero y triste esté dominado por quienes de veras lo merecen!

Comenzaron a oirse aplausos; las caras de los Hithluminati parecían extasiadas, y varios Autailómes y Aurentuluvas retumbaban por toda la estancia.

-_Híni Hísilómeo_... ¡LOS TIEMPOS SON LLEGADOS! ¡Recuperaremos lo que nos corresponde, y Hithlum gobernará Arda al completo! ¡¡Yo os lo prometo!! _AUTA I LÓME!!_ _TURA HÍSILÓME!!_

Y todas las gargantas de los Hithluminati comenzaron a repetir, enfervorizados, el eterno grito de guerra de Hithlum: "¡La noche pasa! ¡Que Hithlum gobierne!" _AUTA I LÓME! TURA HÍSILÓME!_, mientras la esperanza iba desapareciendo de las miradas de nuestros pendientes amigos.

Cuando de pronto, desde una de las esquinas, se oyó una voz que dijo, débil pero audible: -¿Y el Himno?

Todos callaron de repente. Hûan miró a todos lados, intentando ver de dónde había surgido la voz. Por último preguntó al aire: -¿Himno? ¿Qué himno? ¿De qué hablas?

-Eh... señor... -dijo de pronto Andûr, incómodo- Algo de razón tiene... Un discurso como éste, un momento así, tiene que cerrarse con un Himno... Algo que podamos cantar todos, que una nuestros corazones y todas esas cosas...

-Himno... pero... -respondió Hûan- No hay ningún himno... El único Himno de Hithlum del que se tiene noticia se olvidó hace Edades... No creo que quede nadie que lo recuerde en toda la Tierra Media... de manera que...

-¿Y el Doctor Eleder tampoco lo recuerda? -interrumpió de nuevo la indestinguible voz.

Todos los ojos de los Hithluminati se elevaron hacia la figura del Catedrático, para chocar de frente con una mirada pétrea, dura, inconmovible. Eleder, con un semblante severo y casi despiadado, dominó todas sus miradas; la ira fría de Manwe parecía brillar en sus ojos. El silencio solemne se rompió con un "A por ellos, Doc"; y, antes de que nadie pudiera hacer nada, Eleder carraspeó y comenzó a entonar el

LINDALE HÍSILÓMEO (HIMNO DE HITHLUM)

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Qué din os nobres ollos
de Fingon o valente
á néboa crecente
que inunda o noso lar?
Qué din as mans feridas
que, en ira, cara ó Norte
contra o Fado e a sorte
xurdiron dende o mar?

"Seredes pedra e lume
que erguidos botaremos
contra noxentos demos
e pérfidos irmáns;
espadas que afiadas
batan a escuridade,
idade tras idade
fora de Beleriand."

Oh, terra gris de cinza,
cinza dos enemigos;
pasaches mil perigos,
e agora libre es.
Oh, terra desexada,
amada Hísilóme;
có teu sagrado nome,
a gloria eterna tes.

Có teu enhesto brazo
o mal que nos asedia
por toda a Terra Media
verá cedo o seu fin.
Oh, noso chan querido,
oh, terra de valentes;
espello de Occidente;
fogar de Fingolfin.



* * * * * *

Las cosas fueron rápidas luego. Los Hithluminati, llorando y temblando de emoción, procedieron a soltar a Eleder y a sus compañeros, y dejarlos sanos y salvos en el suelo; y se echaron unos en brazos de otros, totalmente transidos por las emociones que les había transmitido el Himno Ancestral; y nuestros amigos se dirigieron tranquilamente a la puerta, sorteando a temblorosos esbirros, mientras se oía desde el fondo de la estancia: "¡Esto no quedará así! ¡¡Eleder... me las pagaráááás!!". Feadûr resopló: "Bah, al final, todos caen en los tópicos de siempre".

Y poco tiempo después, los cuatro entraban en la Sala Acorazada de la Universidad Autónoma de Númenor. Mientras Eleder departía amigablemente con los Balrog Bedeles para conseguir el paso franco, Celebnár hablaba con Eledhwen:

-Pero... reconozco que no lo entiendo... ¿Cómo fue que Eleder conocía precisamente ese himno, el que tanto impacto les iba a causar? ¿Y de quién fue la voz que les dio la idea? ¿Y por qué...?
-Bueno, Eleder de himnos sabe un poco -respondió Eledhwen-. Y me parece, y digo me parece, porque nunca reconoceré haberlo dicho si me lo repites en público... que es posible que debamos todos un favor a un feanoriano -Celebnár dio un respingo-. Pero el favor se lo hizo también a sí mismo, claro. Si en el último momento no le hubiéramos acusado, no nos habríamos salvado, pero él tampoco. Bueno, bien está lo que acaba bien -y mientras Celebnár iba corriendo hacia Feadûr y le decía "¡Así que has sido tú quien nos has salvado a todos! ¡No sabes cuánto me alegro!", Eleder había conseguido por fin convencer a los Balrog Bedeles, y pudieron pasar al interior de la Sala, donde se encontraron frente a...

...la Caja Fuerte del Rector. Oscura, firme, impenetrable. Según se decía, el objeto que menos veces se había abierto en toda la Universidad. Y de hecho, se dudaba si realmente podría abrirse.

Eleder la miró, pensativo. Y sacó el sobre que, en la huida, habían arrebatado a Hûan. El sobre que contenía La Combinación. Un número y una letra. El número y la letra que acabarían con las Hermandades Hithluminati para siempre.

Todos contuvieron la respiración. Eleder abrió el sobre; sacó de él un papel; lo miró; respiró hondo... y volvió a colocarlo en el sobre. Sus compañeros le miraron, expectantes, sin comprender. Eleder les devolvió la mirada, y una media sonrisa se distinguió en su cara.

-¡Bueno! ¡Díganos ya lo que es! ¿3-B? ¿1-A? ¿4-D? ¿5-B? ¿4-C? ¡¡DÍGALO YA!!-le interrogaron Celebnár y Feadûr, ebrios de ansiedad.

Pero Eleder se metió el sobre en el bolsillo, les sonrió de nuevo y dijo: -Chicos... Seguramente tengáis cosas que hacer. Esta aventura termina aquí. No usaré la combinación. Algo me dice que hasta los Hithluminati tienen un papel que desempeñar, para bien o para mal, antes del fin -los becarios parpadearon-. En otras palabras... -y, señalando la puerta, les conminó: -FUERA.

Celebnár y Feadûr se marcharon, más perplejos que nunca, musitando cosas sobre la salud mental de los Catedráticos; Eleder les siguió un tiempo con la mirada, y luego se volvió lentamente hacia Eledhwen; ésta sonreía.

-Y bien, Doc... ¿De manera que es eso? ¿Piensas dejar la caja cerrada? ¿Y guardar el sobre en otro lugar?

-No, señorita Eledhwen, no pienso dejar la caja cerrada -respondió él-. Y por una razón... porque ahora sé por qué es imposible abrir esta caja -y, aferrando la manivela, abrió la tapa sin ninguna dificultad-; porque ya estaba abierta.

Eledhwen resopló. -¡Pero... de manera que ahí ha estado la posibilidad de destruir a los Hithluminati, desde siempre... y yo misma podía haber... y así haber conseguido vencer...! -las emociones que bullían en Eledhwen no le permitían expresar lo que quería. -¡Y ahora usted y yo podemos...!

-No, no podemos -cortó Eleder; metió el sobre en la Caja, y, de un golpe, la cerró-. AHORA está cerrada. Y si alguna vez se abre, deberá ser por un destino distinto al nuestro. Y, desde luego -y sonrió de nuevo-, no para sacar de ella sueldos para los profesores -y, encaminándose a la salida, terminó-. Vamos, Eledhwen; volvamos a casa.

enero 21, 2005

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...y no desespere; ¡enseguida volveremos con el final de HITHLUMINATI!

enero 19, 2005

HITHLUMINATI - IV

La cuerda élfica tiene propiedades mágicas, se dice. Con ella pueden hacerse nudos que nunca se desatan, a no ser que su dueño lo desee. No se rompe ni se deshilacha. Con cuerda élfica es posible realizar las labores más finas de cordelería que pensar se pudiera.

Para atar a un catedrático de Quenya y a tres becarios, sin embargo, basta con un rollo de la cuerda más barata que se encuentra en un "Todo a un Númenóre". Eleder y sus compañeros estaban experimentando esta cruda verdad, en un rincón del Lugar Secreto de las Hermandades Secretas Hithluminati, mientras las huestes del Frente Hithluminado Popular y el Frente Popular Hithluminado discutían sobre su destino.

-Han visto demasiado. Ya no podemos soltarlos. Transmitirían al mundo la Verdad sobre nosotros -sentenció Andûr, mirándoles de reojo, como si esperara que en cualquier momento rompieran sus ataduras y huyeran al feérico modo.

-¡Mi querido Andûr! -repuso Hûan- Sobreestimas la capacidad de nuestro amable y amarrado amigo -"No me vengas con aliteraciones ahora", se oyó, seguido de un "Eleder, que te calles o te daré en cuanto nos soltemos"-. ¡Piénsalo! Es un Catedrático de Quenya; la forma de vida más inútil del universo -"¡Ji, ji, ji! ¿Has oído, Feadûr?" "Sí... pero si él es tan inútil, ¿qué eres tú, que estás matriculada en su clase?" "Oops"-. Puede escapar, sí... pero ¿qué conseguirá? El mundo está acostumbrado a oirle y no entender nada de lo que diga. Incluso si alguien le entiende, no le creerán. De manera que, mientras tengamos esto en nuestro poder... no debemos temer.

Y levantó con socarrona alegría un pequeño sobre lacrado; el sobre que contenía la contraseña, una letra y un número, que abriría la Caja Fuerte del Rector de la UAN, donde se encontraría el secreto para destruir por siempre la peligrosa secta Hithluminada.

-¡No nos hace falta ese sobre! -gritó Feadûr- ¡Descubriremos la contraseña por nuestra cuenta! Por ejemplo... ¡5-A!
-¡O si no... 4-C! ¡No hay tantas combinaciones! ¡Ya lo verán! -reafirmó Celebnár.

-Bien... hacedles callar -Hûan hizo un gesto, y dos enmascarados hithluminados se acercaron a ellos. Eleder vio que uno de ellos lucía una insignia de porcelana que decía "Soy joven, ¿y qué?". De pronto, se levantó enérgicamente y, dando un paso hacia ellos, les gritó: -¡Esperad!

El resultado de la energía cinética de los músculos de Eleder, la potencial de la altura de su cuerpo y la fuerza de la gravedad, combinada con el hecho de que el eje de su cuerpo estuviera situado a la altura de la cuerda que ataba sus tobillos, tuvo como resultado el cuerpo de un catedrático cayendo de bruces cuan largo es a los pies de los asombrados hithluminados. "Pues no, muy feérico no es..." pensó Andûr. "Inútil... pero qué inútil..." pensó Eledhwen. "Bdeo bde mbdee bdoto abdo", pensó Eleder desde el suelo.

-Está bien... malditos seais -gritó Eledhwen, apretando los puños-. Sabéis que soy yo a quien buscáis. Ya me tenéis; ¡soltad a los demás! ¡Ellos no tienen nada que ver con vosotros!

-¡No, no! ¡Ni hablar! -respondió Celebnár con fuerza- ¡No hemos pasado a través de la muerte para intercambiar palabras torcidas con un sirviente!

Eledhwen le miró. Celebnár parpadeó.

-Ehm... No, esto, no me refería a ti... ehm... era sólo una cita.

-Muy bien, muy bien -dijo Hûan, mirándoles complacido-. ¿Deseáis entonces compartir su destino?

-¡Claro! No os tememos, ridículos esbirros. ¡Volved a la sombra de la que salisteis! ¡No podéis... eh... eso, que nada!

-Perfecto entonces -dijo Hûan-. Soltadlos a todos.

Todos parpadearon. Eledhwen miró asombrada; Eleder enarcó una ceja desde el suelo, y Feadûr murmuró satisfecho: "Estaba seguro... ¡Mantenerse firme es la mejor manera con este tipo de gente!"

-Desde ahí arriba -terminó Hûan, señalando a la parte más alta de la cúpula.

"Ooops".

* * * * * *

Eleder, Eledhwen, Celebnár y Feadûr colgaban de la parte más alta de la cúpula que cerraba el Lugar Secreto de los Hithluminati. Las cuerdas que los ataban de pies y manos se unían en un único nudo, amarrado a una argolla. Un grupo de esbirros hithluminados se afanaban, con un éxito relativo, en colocar unas cuantas escaleras de tal forma que pudieran subir hasta arriba un serrucho con el que cortar dicho nudo y así precipitar a sus prisioneros hasta el suelo, que estaba a una distancia suficiente para una muerte sencilla y sin complicaciones.

Elden, desde el suelo, miró socarrón a Eleder, y le espetó:

-¿Así que ahí estamos, Doctor Eleder? ¿Quién le iba a decir que, después de suspender a tanta gente, iba a ser usted quien acabara ahí "suspendido", verdad? -Y se rió, con maléfica risa.

-Eres un inútil, Elden -replicó Eleder, con voz helada-. Te estás dejando utilizar de la manera más rastrera por estos fingolfinianos. Tú, que siempre has sido un honorable fean...

-¡NO LO DIGAS! -cortó Elden, aterrado- ¡No termines esa frase! Ellos no saben que...

-¿Cómo? -respondió Eledhwen- ¿Estás diciendo que tus actuales compañeros no saben que tú eres un miembro de las Juventudes Nold...?

-¡¡¡CÁLLATE!!! ¡¡CALLAOS YA!! -la voz de Elden temblaba ahora visiblemente, y en su cara había aparecido un rictus de terror- Eh... ¡Señor Hûan! ¡Éstos ya están preparados... ¿por qué no procedemos ya?! -y desapareció en una de las esquinas de la estancia.

-¡Eleder! ¡Es nuestra oportunidad! -gritó Eledhwen, mientras Celebnár y Feadûr miraban asombrados- Los Hithluminati odian a los feanorianos más que a nada en el mundo; recuerdan Losgar todos los días... Si les decimos que en realidad Elden es un feanoriano oculto, sembraremos la discordia entre ellos, y...
-Pues no sé qué tiene de malo ser feanoriano, la verdad -comentó Feadûr, mientras Celebnár intentaba darle un codazo, difícil tarea teniendo los brazos atados.
-No... no merece la pena -contestó Eleder, pensativo-. Si hiciéramos eso, lo único que conseguiríamos sería que lo mataran, y nosotros seguiríamos igual... Pero puede haber otra forma... -Eledhwen lo miró con curiosidad, pero no dijo más.

De pronto, Hûan se acercó a ellos (o mejor dicho, a su vertical), y con una sonrisa, proclamó:

-¡Bueno! Esto se acaba, queridos compañeros. Es una pena que tenga que terminar así. Habría sido más útiles poder controlaros; pero, por lo que vemos, vuestra tozudez no nos deja otra salida que destruiros. Así que vamos a ello. Cortad la cuerda -y los esbirros comenzaron a acercar de forma vacilante el serrucho al hilo del que pendía, de un modo bastante literal, la vida de nuestros héroes.