h Malinorne: junio 2005

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

junio 23, 2005

Respuestas al Examen

Hay pocas visiones equiparables en la Tierra Media a la súbita acometida, rampante y gloriosa, de la figura singular, noble a la par que impresionante, de un BalrogBedel en el cumplimiento de su deber.

Este deber estaba relacionado, en esta ocasión que nos ocupa, con cierta sombra que, subrepticia y oculta, pretendía introducirse sigilosamente por uno de los ventanales que conducían (para alguien con habilidades Gollumíticas, o si no, al menos, con motivación suficiente) al despacho del Doctor Eleder.

-¡Eh, tú! ¡Ven aquí! -gritó este BalrogBedel del que hablamos, y agarró con su poderoso brazo la pierna de la figura que intentaba en vano ahora escabullirse de esa férrea presión- ¡Señor! ¡Mire lo que tengo!

La puerta del despacho se abrió, y por ella, bostezando y con unos ojos que aparentaban esconder legañas del tamaño del Taniquetil, apareció la cabeza del doctor Eleder.

-¡Por Manwë Súlimo Herunúmen, señor BalrogBedel! ¿Se puede saber a qué viene despertarme a esta hora?

El BalrogBedel se quedó mirándole con cierta cara de incomprensión. -Son las siete de la tarde, señor -repuso.

-¡Vaya! -contestó Eleder, conteniendo a duras penas otro bostezo- No pensaba que era tan tarde... quiero decir... Bueno, dejémoslo. ¿Qué me trae usted aquí? -y se acercó a la oscura figura que ya había dejado de intentar evadirse de la garra del BalrogBedel, y había pasado a mirar a los árboles y silbar distraidamente, en la típica postura del "No, si yo pasaba por aquí", por ver si eso funcionaba.

No funcionó.

-¡Señorita Celebnár! -gritó Eleder, sorprendido- ¡No puedo creerlo! ¿Usted, precisamente usted, intentando entrar de forma sibilina en mi despacho? ¿Cómo ha podido hacerlo?

-Eh... -Celebnár, algo preocupada, empezó a rebuscar en su memoria buscando frases del legendario Manual de Frases Para Decir Cuando Te Han Pillado, el Inye lá né- ¡La idea fue de Fëadûr! -bien, era una de las primeras frases, pero solía funcionar. Los profesores conocían a Fëadûr.

Tampoco funcionó. Eleder carraspeó, y miró ceñudo a Celebnár.

-Bueno... está bien... lo confieso... yo... ejem... intenté entrar en el despacho para buscar las respuestas al examen de la semana pasada -la cara de Celebnár denotaba una profunda compunción.

-¿Las respuestas al examen? -Eleder enarcó las cejas- Muchos alumnos, en la larga historia de la Universidad Autónoma de Númenor, han intentado robar las respuestas a un examen antes de que éste se celebrara... ¡pero éste es el primer caso que conozco donde alguien intenta robarlas DESPUÉS de haberlo hecho!

-¡La culpa es suya! -protestó, airada, Celebnár- ¿Cuándo pensaba publicar esas respuestas? ¡Nos tiene a todos en ascuas!

-No se preocupe, señorita Celebnár; de hecho, dado que está tan interesada, se las daré a usted misma para que las publique en el tablón. Están -y entró de nuevo en el despacho- justamente aqu... Vaya, habría jurado que... ¿debajo de la orcocola? -comenzaron a oirse ruidos extraños en el despacho. Celebnár y el BalrogBedel se miraron- No puedo haberlo metido en... ¡ah! aquí está, estaban debajo de la almoh... ejem -y salió de nuevo-. ¡Aquí están! Un poco, bueno, arrugadas... pero aquí tiene las

RESPUESTAS AL EXAMEN


1. Palabra con letras adyacentes: hostuvar era una buena opción, con las letras seguidas S-T-U-V. Si existiera un verbo que fuera algo así como "karsta", podríamos haber llegado a una más, pero no parece que existan grupos triconsonánticos en quenya.
2. Aliteraciones: todas muy correctas.
3. Anagramas: lo mismo. Aunque era posible ir a cosas un poco más complejas, como:
MÍRIMA ISTAMAR NÚMENÓREO: "Universidad Autónoma de Númenor"
MERIN MAUSTA IRIMA OROMEN: "Quiero obligar al bello Orome"
4. Lipogramas: son correctos. Pero quizás les interese la famosa página de "frases sin A" que pueden ver en ELM. Por cierto, señorita Keleb, "tu nombre" sería "essetya", aunque es más común usar -ly- para todos los casos (y _antonyáva_), y el plural de _avahaira_ es _avahairë_. "En las que" sería _yassin_.
5. Jitanjáforas: muy bien ambas (me resisto a buscar algo que pueda significar "omendil", que rima demasiado con cierto colega catedrático).
6. Las palabras con eco, en efecto, iba más por las respuestas de la señorita Keleb-dûr; pero suele ser más interesante cuando van en una frase coherente. Algo así como: i Envinyatar Atar hilië i lië or alcarin arin ("el padre renovador siguió al pueblo sobre una gloriosa mañana")
7. Homófonas: ¿era tan difícil? _na_ y _ná_ valen si no se cuenta la longitud; pero si se cuenta, hay otros: _vanya_ puede ser un hijo de los (ejem) Hermosos Elfos, o el verbo "desaparecer"; _carnë_ puede ser "rojo" o "hizo", y _linde_ puede ser "bellos" o "canción". Seguro que existen más.
8. Panvocálicas: correcto. De hecho, suele darse más valor a las palabras que contienen las cinco vocales y ninguna repetida, como, efectivamente, _miruvóreva_.
9. Monovocálicas: señorita Keleb-dûr, ¡no vale juntar nombres y adjetivos para hacerla más larga! Pero podían haber usado las declinaciones, y haber ido a _arataryanna_, por ejemplo.
10. Palabra larga (la voz "sesquipedálica" proviene de un tal Horacio, antiguo autor de la Saga Realidad, por cierto): está documentada la palabra paptalasselindeën, "como música de hojas caídas". No queda mal, ¿no?
11. Paronomasias: muy bien ambas.
12. Señorita Keleb-dûr: el uso de cierto apócrifo, erróneo y totalmente desterrable dígrafo le puede costar el curso; yo de usted me precavería. Aparte de eso, ambos tautogramas muy bien.
13. Palíndromos: perfectos (señorita Celebnár, el hecho de que el suyo sea copiado sólo queda compensado porque al menos sé que alguien escucha en mis clases).
14. Por último... un gran esfuerzo el de los pangramas. Ya sólo por eso se los contaré bien. Mejor dicho, se los contaré bien sólo por eso, porque hay varios errores en cada uno de ellos: pero quedarán para otra vez.

Cuando terminó de leer, Celebnár miró hacia el doctor Eleder, pero no le vio: éste se había introducido de nuevo en su despacho. Entonces, alzó los ojos al cielo, suspiró y dijo con voz emocionada:

-Entonces... ¡he aprobado! ¡Esto quiere decir que HE APROBAAAay!!! -y su salto de alegría se vio frenado por el hecho de que su mano seguía firmemente sujeta por el BalrogBedel, que, viendo que no entendía nada de lo que allí se estaba diciendo, se mantenía en su función originaria -¡Tú! -le gritó Celebnár entonces-. ¿Me vas a soltar de una vez o no?

El BalrogBedel dudó, pero los estímulos exteriores no parecían suficientes para hacerle cambiar de actitud -¿Por qué voy a tener que soltarle, señorita? Usted ha infringido una norma, y yo...

-Mira -le cortó Celebnár-: o me sueltas en este mismo instante, o haré que el Rector te... te... -dudó un momento, y de pronto, con un gesto de determinación (hecho con la otra mano) terminó- ¡te sesquipedalice!

Y Celebnár pudo por fin, ante tal amenaza, salir corriendo en dirección a la cafetería, triunfante y victoriosa, y con más orgullo por lo que portaba en la mano del que se dice que mostraba Beren tras obtener el silmaril. Y a ella nadie se la arrancó de un mordisco.

junio 19, 2005

El Consejo - 1

Las palabras tienen poder.

Alguien dice una palabra; otra persona actúa de determinada manera movido por esa palabra; ocurren Acontecimientos. Sucedidos. Cosas.

Las palabras nos dan temor. Pero no lo suficiente.

Hace unos días, en la Universidad Autónoma de Númenor se escuchó una palabra:

"Cambragol"

Y el resultado fue...


El Consejo - 1 (por Cambragol)


I

No en demasiadas ocasiones se convocaba el Consejo. Cuando se tenían que reunir los Señores Elfos era porque algún acontecimiento amenazaba la paz de la Tierra Media o alguna catástrofe se cernía sobre ella. Ninguno de los Humanos que todavía estaba vivo era capaz de recordar una junta semejante. Pero el momento había llegado, todo estaba preparado y el Consejo dio, por fin, comienzo.

Me han dicho - algunos alabándome, otros como reproche – que soy demasiado parco en mis descripciones y excesivamente conciso a la hora de narrar. No sé si para un cronista elfo como yo, que se encarga de poner en papel el acontecer de los míos, eso es un defecto o una virtud. Sea como fuere, no quiero aburrir ponderando la magnificencia de los Señores Elfos, sus rozagantes ropajes, su porte amable, su sentido de la justicia y su bondad, esa luz de plata que comparan con las luminarias que se asoman, tímidas, en el claro del bosque, si es que se me permite citar un poco de Poesía Elfica. A partir de aquí me ceñiré a los hechos.

Como decía, comenzó el Consejo. Caranthir, en su calidad de presidente, se sentaba en un sitial que resaltaba su dignidad. A su lado sus fieles Nolendur y Cambragol lo custodiaban. El resto de los Señores Elfos se acomodaban en hermosas sillas de madera noble del Bosque Oscuro, adornados con telas de brocado que nunca habían admirado ojos humanos, pues era tal su perfección que, si algún hombre las contemplara, caería en profunda melancolía, pensando que nada le quedaba por ver. Pero, como ya he dicho, no me voy a dilatar en los detalles. Baste saber, pues, que había mas de cien Señores allí reunidos.

Caranthir, solemne, se levantó de su asiento. Hacia ya muchas lunas que ocupaba el cargo de Principal entre los elfos, y recordaba mas amarguras que alegrías. Ciertamente, su función no sólo concernía al buen gobierno de nuestro pueblo sino que tenía, al menos moralmente, a su cargo el cuidado y protección de las demás criaturas inteligentes de la Tierra Media. Era una carga muy pesada..

- Amigos, su voz resonó en la sala, nos hemos reunido aquí para tratar un asunto urgente que no admite demora. Desde épocas remotas no se había congregado el Consejo. Y, os lo habréis imaginado, un grave peligro pende sobre nuestras cabezas.

Un murmullo se extendió por la sala. Caranthir hizo un gesto leve y el silencio se recuperó.

- Sabréis, pues nuestra historia así nos lo muestra, que mucho tiempo atrás hubo un elfo que se distinguía de los demás. Ya en la hora de su nacimiento los vaticinios astrológicos señalaban que su vida iba a ser extraña y desdichada. Todos sabéis que estoy hablando de Mandëril, mas conocido por el Elfo Loco. Se dice que perdió la razón porque, al pasar demasiado tiempo entre los Humanos, se aficionó a sus vicios, antes que a sus virtudes, y se volvió orgulloso. Después, se afirma, tuvo contactos secretos con Morgoth y algo debió salir mal porque una mañana lo encontraron cantando canciones de Orcos en el jardín de su casa, bailando una danza absurda y dando gritos con una voz tan desmesurada como nunca se le había oído a un elfo ni se le volverá a oír. Dicen que sus ojos habían perdido el Brillo. Pero nadie puede saber si la historia es cierta o falsa.

- Lo que sí se sabe es que, después de haberse perturbado, adquirió el Don de la Profecía, reservado a unos pocos elegidos. La que hoy nos atañe se refiere - unos pocos de vosotros lo sabréis, pues hasta ahora el secreto se ha mantenido con discreción – a las Dos Amenazas.

Nuevos murmullos se expandieron por la sala. A Caranthir le costó un poco mas que antes apagarlos.

- Mandëril afirmaba que no existe un único universo. De hecho afirmaba que toda la miríada de universos que existen se superponen – o, mejor dicho, se imbrican – unos sobre otros, entrecruzándose. No somos capaces de percibirlos porque lo que distingue a un universo de otro es el hecho de vibrar en longitudes de onda distintas. Longitudes de onda que no sabemos como captar.

Hizo una breve pausa. Un tenso silencio dominaba la sala.

- Sin embargo, sí existe una forma de comunicarse con alguno de esos universos. A través de nuestros pensamientos somos capaces de modelar lo que ocurre en otros cosmos. También ocurre en la otra dirección. Los pensamientos de otro universo influyen en los hechos y pensamientos del nuestro, y, estos, a su vez, generan nuevos pensamientos en el otro universo, que generan nuevos hechos, etcétera, en un proceso de realimentación que no ha tenido principio ni tendrá fin. El Tiempo es la unidad de medida de los pensamientos.

Se aclaro la garganta y tomó un sorbo de agua. Todos aguardaban expectantes. Caranthir prosiguió.

- Y con eso tienen que ver las Dos Amenazas. Las profecías de Mandëril resultaban deliberadamente oscuras, como si su malicia sobrepasase a su locura. No podía quedárselas para sí, pues la Expresión de la Profecía no se lo hubiera permitido. Lo que sí era capaz de hacer era deformarlas y enmascararlas de forma que sólo se pudiese comprender cabalmente su significado muchas generaciones después.

Un rumor de primavera llegó de fuera. Los árboles albergaban gran cantidad de pájaros que, con la llegada del buen tiempo, comenzaban a preparar sus nidos para la puesta. Alegres trinos inundaban el aire de la mañana.

- La primera de las Amenazas, continuo Caranthir, se presentó cuando todavía no habíamos sido capaces de desentrañar el augurio. En un universo paralelo, un fecundo y excepcional escritor, llamado Tolkien, “imaginó” un mundo poblado por Elfos, Orcos, Humanos, Trolls, Hobbits y otras criaturas. Un mundo en el que dominaba la lucha del Bien contra el Mal.

- Ya su segunda novela - pues la primera no nos interesa por ser una obra ambientada en la Edad Media de la Tierra, el planeta que habitan en su Universo – trataba de nuestro mundo. Fue un anticipo de lo que habría de venir después, pues el relato en sí era inocuo: Hablaba de la búsqueda de un tesoro en la montaña solitaria. No me he de explayar más.
- La verdadera devastación vino después. Tolkien escribió “El Señor de los Anillos”, y la calamidad se extendió por nuestro mundo. Recordareis que he dicho que los pensamientos fluyen en libertad entre universos e influyen en el porvenir de ellos. Y una personalidad tan poderosa como la de Tolkien no podía dejar de influenciarnos.

- Todos conocéis lo que ocurrió en la Tierra Media en la época de Frodo, el Hobbit y Gandalf, el mago. Hasta ahora habías supuesto que las calamidades que arrasaron nuestro mundo eran provocadas por la ambición de poder del Señor Oscuro. Ahora sabemos que fue Tolkien el que aumentó su fuerza y su afán de conquista. Solo unos pocos sabemos que, en el último momento, y por medios que prefiero no revelar, conseguimos que Tolkien accediera a destruir el anillo al final de su relato y devolviera así la paz a la Tierra Media.

Nadie dijo nada. A medida que transcurría la mañana los trinos se percibían con mayor intensidad, y en la floresta los zumbidos de insectos acompañaban la melodía de los pájaros. Un Horlüm cantó sobre una rama.

- Sin embargo aun no estamos a salvo. Me he referido antes a Dos Amenazas. La primera, lo sabéis ahora, era Tolkien.

Su rostro se volvió sombrío.

- La segunda, dijo, es inminente.


(continuará, claro)

(y las Respuestas al Examen llegarán a lo largo de esta semana. Este Bloc es un especialista de las Pausas Dramáticas)

junio 12, 2005

Un Examen

-¿Una queja, dice? -la cara del Excelentísimo y Magnífico señor don Arcadio Robles, Rector de la Universidad Autónoma de Númenor, traslucía incredulidad -¿Una queja... contra el Doctor Eleder?

-En efecto, señor Rector. Por eso me he tomado tantas molestias para conseguir hablar personalmente con usted: porque quiero plantear una queja oficial contra dicho profesor, exigir una sanción y dejar claro mi descontento.

Quien así hablaba era Amárië Somontes, una espigada joven de mediana altura (lo que, en la Tierra Media, significaba que no pasaba del metro diez; también podría decirse "de altura de mediana") pero de rasgos muy marcados. Y no le faltaba razón a lo que decía: las "molestias" habían incluido reuniones presenciales con seis o siete Funcionarios Menores de la Universidad, un par de Secretarios Personales Le Aseguro Que Es Como Si Hablara Con El Mismísimo Rector, treinta y tres empleados del Departamento de Administración, Reclamaciones, Dudas y Ofensas (el DARDO), cinco Vicerrectores, un Subrector, dos Prerectores, un Pararector (estos cuatro últimos se parecían sospechosamente a algunos de los Funcionarios Menores, aunque Amárië nunca exteriorizó sus bien fundadas sospechas) y, por fin, la temida Hoja de Horarios del Excelentísimo y Magnífico señor Robles (que en algunas esferas de la Universidad era conocido como El Daño de Amandil).

Pero lo había logrado, y se hallaba frente a él para, humilde pero severamente, exponerle su queja contra el Doctor Eleder, catedrático de Filología Quenya, y profesor de dicha señorita en cuarto curso de la carrera.

-Bueno... estoy seguro de que podemos hallar una solución -respondió levemente azorado el Rector-; el Doctor Eleder, en todos sus años de carrera, nunca -y miró fijamente a la estudiante-, repito, nunca ha recibido una sola queja por su trabajo... ¿no es así, Ereth? -e hizo un leve gesto en dirección a la eficiente Secretaria Personal del Rectorado.

-No, no es así, señor Robles -le respondió Ereth, mientras consultaba un abultado tomo de dossieres-. El señor Eleder ha recibido ciento veinticuatro quejas en sus años de profesor. Setenta y cinco de ellas tenían como causa "Actos Imperdonables de Racismo, en concreto Proferir Ofensas Inaguantables contra determinadas Razas de Elfos, que por otra parte todo el mundo sabe que son las Más Nobles, Respetables y Poderosas de todas las que en Arda existen", y habían sido presentadas por miembros de las Juventudes Noldor; veintidós de ellas aducían "Inasistencia Reiterada a clase", unidas a ciertas alusiones a Importantes Congresos Etnolingüísticos que tenían lugar en la cafetería; éstas fueron acompañadas por cuarenta y cinco Agradecimientos Personales al Profesor por parte de sus Alumnos, que le exhortaban a profundizar todo lo que pudiera en la Etnolingüística y asistir a todos los Congresos que le parecieran. Diez de las quejas se referían a "Alusiones Irónicas con respecto a Alumnos Participantes en Tareas de Animación Extraescolar" (en concreto eran miembros de la Tuna), once tenían por tema "ke no ntendemos nda d l k dice y k xk no abla + klaro komo azen otros k se yaman = k el", y dos aludían a "Miradas claramente inadecuadas a estudiantes de sexo femenino durante las clases de los Cursos De Verano" -Ereth dejó los papeles en la mesa y miró al Rector.

El Rector carraspeó un poco, sin haber asumido por completo el torrente de datos, pero con la vaga impresión de que éstos no apoyaban exactamente la frase que acababa de pronunciar justo antes. La alumna, mientras tanto, mantenía la mirada del Rector de forma más desafiante ahora.

Arcadio Robles tamborileó en la mesa con su pluma, carraspeó de nuevo, y por fin dijo a la estudiante: -Y bien... ¿y cuál es exactamente el motivo de su queja, señorita?

-¡Se ha Reido de Mí! ¡Me ha tomado el pelo, me ha befado, burlado, escarnecido, desairado, embromado, ridiculizado, ofendido, desdeñado y vilipendiado gravemente! -Amárië se apoyó sobre la mesa del Rector, sosteniendo su mirada con firmeza- ¡No tenía derecho a hacerme eso! ¡Vale que él sea todo un Catedrático, y yo una simple estudiante, pero no podía hacerme eso! ¡Exijo una...!

-Bueno, bueno, señorita, cálmese, por favor... -el Rector dio a Amárië una palmadita en la espalda, y la hizo volver a sentarse-. Pero déme más detalles... ¿Cómo fue, en concreto, esa -y carraspeó de nuevo- befa, burla, escarnio, desaire, broma, ridículo, ofensa, desdeñe y vilipendio -y chasqueó la lengua con un poco de altivez- al que dice usted haber sido sometida?

Amárië parpadeó, tomó aire y comenzó:

-Bien... todo ocurrió unos días atrás. Yo había estado ya discutiendo con él sobre unos carteles que el Frente Tûk estábamos poniendo en los paneles informativos... así que ya me tenía tirria, puede estar usted seguro... y bueno... la cosa es que le... Bien, bueno, le dije que El Sistema Educativo no funcionaba; que la raíz de tantos fracasos entre los estudiantes hobbits, orcos y demás no se debía a que no tuvieran cualidades para el estudio, sino a que no se motivaba bien... que había que revisar los planes de estudio... y bueno, bien, básicamente, le dije que su asignatura era un completo rollo, que aburría hasta a las piedras, y que se nos tenía que reconocer el esfuerzo que hacíamos por aprobar exámenes tan aburridos y faltos de imaginación como los suyos. Esto fue lo que le dije. ¿Me dice qué es lo que tiene de malo ejercer mi derecho a la libre expresión de mis opiniones, y realizar una crítica constructiva sobre...?

El Rector Arcadio Robles dejó de juguetear con la pluma, y musitó por lo bajo: "Oh, no... una Activista Estudiantil". Luego se recompuso, y, con la más gentil de sus sonrisas, le animó a continuar: -Bien... ¿y qué ocurrió después, señorita?

-Pues... después... ¡lo que ocurrió fue que me dijo, bueno, me dijo "Oh, vaya, así que el quenya es una asignatura aburrida, ¿no es cierto? Acepto sus críticas, señorita; y las solucionaré"! -la indignación de la señorita Somontes era patente.

El señor Robles contestó: -Pero... bien, entonces, según dice, el Catedrático Eleder respondió positivamente a sus críticas, y prometió hacer más atractivos sus exámenes, ¿no es cierto? ¿Entonces? ¿Acaso no cumplió lo que dijo?

-¡¡Sí, lo cumplió!! -y Amárië, exasperada, sacó de su carpeta un folio y lo plantó, con un ademán violento, en la mesa del Rector- ¡ESTO es lo que cumplió! -y el Rector, tras colocarse de forma un poco teatral sus anteojos, leyó:

EXAMEN DE 4º CURSO DE FILOLOGÍA QUENYA

(puede usarse bibliografía auxiliar)


Anótense, con letra clara, palabras o frases correctamente redactadas en lengua quenya, que se inscriban correctamente en las siguientes clasificaciones o cumplan las siguientes características:


  1. Una palabra que contenga al menos tres letras adyacentes del abecedario (no se apliquen tengwar)
  2. Un ejemplo de aliteración en la poesía quenya clásica
  3. Un anagrama
  4. Un lipograma
  5. Una jitanjáfora
  6. Un ejemplo de palabras con eco
  7. Dos palabras homófonas
  8. Una palabra panvocálica
  9. Una palabra monovocálica (de al menos cuatro sílabas)
  10. Una palabra quenya larga (sesquipedálica)
  11. Una paronomasia
  12. Un tautograma
  13. Un palíndromo

    Y para nota:

  14. Un Abecegrama o un Pangrama


(respuestas, si las hay, en los comentarios; durante la semana daremos algunas de las soluciones)
(gracias a Juegos de Palabras, página altamente recomendada)

junio 05, 2005

Botellano

(Una Antigua Historia del Doctor Eleder)

Hace un tiempo, en el Foro de Elfenomeno se colocó una pregunta:

"¿Dónde está situado exactamente el lugar geográfico de 'Botellano'?"

Esta pregunta desconcertó a todos los estudiosos y aficionados que allí se reunen. Sin embargo, una comunicación con nuestro Bibliotecario Adanost Parmandur resolvió el misterio rápidamente. Lo que sigue es el mensaje que fue lanzado en respuesta al susodicho Foro.

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La luz del sol golpeaba fuertemente las cristaleras que iluminaban uno de los Claustros de la Universidad Autónoma de Númenor. Por encima de los árboles que franqueaban el amplio pasillo, podían atisbarse los revoloteos incesantes de pequeños "cirinci", pajarillos que, según la tradición, habían sido regalados por los Valar a la Tierra del Don en tiempos de paz y de esperanza, cuando aún no se había roto el vínculo entre el Este y el Oeste, y cuando la Yozâyan se erguía aún firme y orgullosa en medio del Belegaer.

Ahora, la Duda había ganado el corazón del Hombre; Númenóre había caído, y sus restos se hallaban profundamente sumergidos en el mar; y sobre sus ruinas se había levantado una portentosa plataforma artificial, símbolo del poder de la Raza de los Edain, cuando elfos, hobbits, orcos o enanos se habían ido disolviendo poco a poco, entremezclándose con los hombres (y generalmente también con las mujeres) en una suerte de enriquecedor mestizaje. Y hoy, el día 13 de Gwaeron del año 2001 de la Novena Edad, los caminos de Nueva Númenor no eran surcados por altivos guerreros, doncellas refinadas ni hábiles astrólogos, sino por estudiantes preocupados por sus apuntes, profesores preocupados por recibir puntualmente sus minutas, y Balrogbedeles preocupados porque ningún alborotador distrajera a la comunidad universitaria de sus preocupaciones habituales. En resumen: era un día como otro cualquiera en la UAN.

El Doctor Eleder caminaba suavemente por uno de esos pasillos. Cualquier estudiante que hubiera podido despegarse por un momento de alguna de las preocupaciones mencionadas unas líneas más arriba, habría podido observar en su faz una expresión de profunda concentración. Su boca parecía abrirse levemente, como si estuviera musitando arcanas palabras provinientes de grimorios escondidos. Avanzó ágil por el pasillo, y se dirigió a uno de los ascensores que comunicaban el Claustro con los aularios de los pisos superiores.

Y mientras aguardaba al ascensor, una voz conocida le sacó de su ensimismamiento.

-¡Doctor Eleder! ¡Qué alegría verle por aquí, después de tanto tiempo!

El Doctor observó el lugar desde el que surgía la voz que se le había dirigido... y no vio nada. Nervioso, comenzó a mirar alrededor, como si esperara, con trágico terror, que alguno de sus estudiantes retirara de un momento a otro un Anillo de su dedo (en realidad, la mayor parte de ese terror se podía resumir en el pensamiento "¿¿Cómo haremos ahora para proteger los exámenes??").

-¡Aquí arriba, profesor!

Eleder quedó perplejo. ¿Arriba? Su mirada comenzó a inspeccionar el hueco del ascensor, las ventanas de los pisos superiores e incluso las nubes que surcaban el cielo, creando formas de pastelitos de nata gigantes.

-¡Encima del árbol!

Eleder enarcó las cejas. Efectivamente, se veía un movimiento encima de uno de los árboles del Claustro, del que los "cirinci", por otra parte, huían espantados. El profesor se acercó a él, cuando de pronto, un ruido de ramas quebradizas cediendo al impulso de la realidad comenzó a dejarse sentir, y casi no tuvo tiempo de dar un salto hacia atrás, cuando vio caer delante suyo una pesada figura.

-¿Pero está usted loco? ¡Subiéndose a los árboles, como si fuera un hobbit en busca de nidos! ¿Qué va a decir el señor Ramaviva cuando se entere? Usted... ¡¡¡usted!!!


-¡En efecto... yo! ¡Folco Ramales Botellano! ¡Cuánto tiempo, Eledito! ¡No nos veíamos desde los tiempos de la Facultad... desde la ceremonia de investidura, en realidad! ¿Sigues por aquí?

-¡¡NO ME LLAME ELEDIT... ehm... buenas tardes, Folco... es todo un gusto, ejem, volver a verte -la expresión del Doctor Eleder traicionaba claramente la veracidad de sus palabras -¿Cómo te va? Creía que habías conseguido un trabajo en Ciudad Gondor...

-Bah... ¡lo dejé! ¡La vida de contable no es para mí, Eli! Números arriba, números abajo... ¡echaba en falta esta atmósfera... la paz que se respira en el campus... los altos árboles, la hierba verde... -la nostalgia se percibía claramente en la cara de Ramales- ...las juergas después de los exámenes... las partidas de cartas sobre la hierba con esas rubitas semivanyar... Por cierto, ¿qué pasó con esa pelirrojita con la que andabas, esa Loriel? ¿También anda por aquí?

La cara de Eleder comenzó a ponerse de todos los colores, mientras su boca se abría y cerraba alternativamente, el sudor comenzaba a caer por su cuello y sus manos se movían crispadas. Ramales se sacudió el polvo de su ropa, y volvió a dirigirse a Eleder: -¡Y bueno, viejo! Tú que ya estás aquí instalado... ¿podrías presentarme a alguien Importante, para ver si consigo resolver mi problema?

-Ehmmm... ¿tu problema? -Eleder había conseguido calmarse, a duras penas- ¿Qué problema tienes? Y, de hecho, ¿qué haces aquí? ¡Dijiste que no volverías a pisar el Campus ni aunque trasladasen aquí las Estancias de Mandos!

-Sí, bueno... pero mira, Eledito, tengo un problema. Me he puesto a hacer unas averiguaciones, sabes. ¡Genealógicas, de ésas que les gustan tanto a los hobbits! Y resulta... ¡que no sé de dónde puede venir mi apellido!

Eleder miró al semihobbit. -¿Tu apellido? Bueno, es obvio; Ramales es un apellido proviniente de Bree, emparentado con...

-¡No, no, no! ¡Sigues siendo tan estúpido como cuando jugábamos a las cartas y te quitábamos los caballos de encima del montón! -Eleder resopló- ¡No me refiero al Primer apellido, cabeza de drúadan... sino al Segundo!

-¿Al Segundo? -el Doctor Eleder parpadeó- ¿Te refieres a Botellano?

-¡Sí! Tiene que ser un apellido hobbit, eso es obvio; ¡¡todos mis antepasados han sido hobbits por todas las ramas desde, por lo menos, la colonización de la Comarca!! -el metro noventa de Folco parecía poner un contrapunto irónico a la "pureza racial" de la que alardeaba- Pero he estado mirando allí, en la Biblioteca Municipal de Delagua, he preguntado a varios expertos locales, incluso le he preguntado al tabernero, que siempre sabe de esas cosas... ¡y nadie ha sido capaz de decirme en qué lugar se encontraba Botellano! ¿Tienes alguna idea?


Eleder se quedó mirando a Folco, pensativo, y luego respondió: -No... la verdad es que nunca me he preocupado demasiado por la genealogía hobbítica. Déjame pensar... -Eleder permaneció en silencio unos minutos, mientras Folco le miraba fijamente. Por último, el Doctor suspiró- No, me temo que no tengo ninguna idea. En cualquier caso... te diré lo que vamos a hacer: acompáñame a ver al Doctor Adanost, nuestro Bibliotecario.

Y ambos ex-compañeros comenzaron a atravesar nuevamente el Campus, en dirección a la Biblioteca. Los ojos de Folco brillaban, mientras iban pasando raudamente de una estudiante a otra, como si no hubiera vuelto a ver muchachas universitarias desde sus tiempos de subdelegado. Los estudiantes, sin embargo, le miraban asombrados, pues no era habitual ver por el Campus a seres con esas pintas tan estrafalarias, esos ropajes verdes deshilachados, pantalones raídos y pelambrera totalmente enmarañada, en una figura de bastantes más décadas que todos ellos, y se preguntaban: "¿cuántos años tiene que llevar repitiendo curso ese tío?". El Doctor Eleder observaba toda la escena, y resoplaba con desprecio.


No tuvieron que recorrer un largo camino, sin embargo. Al pasar cerca de la cafetería, vieron una botella de Pach-Aran ("mercancía de reyes", en sindarin) avanzar surcando el espacio cual Vingilot en la noche... y dirigirse súbitamente hacia uno de los ojos de Eleder, que comenzó a temblar súbitamente y a pensar, en una décima de segundo "¡¡Ya está!! ¡Este objeto me golpeará, y me convertiré en Eleder Erchenneb, El de Un Solo Ojo!". Cerró los ojos... pero el prometido impacto no llegó; Folco había aferrado en vuelo la botella, y, tras sopesarla durante un segundo, la arrojó al suelo mientras rezongaba "Bah... está vacía!".

-¡Pues claro que está vacía! ¿Pensaba usted que iba a permitir que alguien arrojara una botella llena de Pach-Aran en mi presencia? - intervino una figura alta, de pelo moreno, que salía de la cafetería- Desde luego, no sé cómo podía... ¡Eleder! ¡No te había visto!

-Eerr... -Eleder aún no se había repuesto del susto- Este...... Adanost, te presento a Folco, un excompañero de la Facultad... Folco, Adanost Parmandur, Alto Bibliotecario de la UAN.

Eleder explicó el problema a su colega, mientras Folco esperaba ansioso, y daba pequeños paseos, mirando si alguna de las botellas de las mesas de la cafetería contenían aún algo, con poco éxito.


-Y así estamos. La verdad, no tengo ni la más remota idea de cuál puede ser ese pueblo de Botellano; había pensado en subir a la Biblioteca a buscar el Atlas o la Guía de la Tierra Media, pero... ¿sabes tú cuál puede ser?

-Bueno, Eleder... lo sé, ¡y tú también deberías saberlo! Al fin y al cabo, es un problema de los tuyos... ¡una cuestión de traducción! -sonrió Adanost.

-¿De traducción? ¿Cómo puede ser eso? -inquirió Eleder, sorprendido.

-Bueno... ya sabes lo que ocurre con los nombres de los lugares de la Comarca. Nosotros los conocemos en Oestron, como Delagua, Bolsón... pero en realidad, sus nombres originales están en la variante dialectal del Westron, como "Bywater" o "Baggins". Ambas son, en realidad, variedades del Kûduk original, esa sutil variedad de la Lengua Común de la Tercera Edad que se hablaba en las tierras de Sûza (La Comarca, en Oestron, y The Shire, en Westron).

-Bueno... sí, eso sí. Pero... ¿cómo crees que debe traducirse "Botellano"?

-Es muy sencillo, y si hubieras consultado el Atlas lo habrías descubierto sin problemas. ¿Cómo se dice "botella" en Westron?

-¡¡Esa es fácil!! ¡¡Se dice "Bottle"!! -respondió Folco de pronto, que veía como la discusión entraba en un tema que dominaba.

-Bien, bien -asintió Adanost, mirando de reojo al excompañero de Eleder- . Y ahora... si tenemos "botella", veamos: ¿cómo se dice "no"?

-Ehm... bien... yo diría que... que "no" se dice igual en Oestron y en Westron... se dice "no". ¡¡Pero "Bottleno" no tiene ningún sentido, Doctor Adanost!!

-Efectúa una inversión del orden lógico de los elementos compositivos del topónimo -explicó Adanost. Folco, al oir esa frase, se paralizó de pronto, miró al Bibliotecario con ojos muy abiertos, y dejó caer el envoltorio de Kender Sorpresa que había estado manipulando.

-Ehm... ¿que cambie el orden de las palabras? -respondió Eleder, en una hábil estrategia de exégesis.

-Este... ¿"Nobottle"? -inquirió Folco.

-¡En efecto! Nobottle, una preciosa localidad de la Vieja Comarca, situada en la Cuaderna del Oeste, al norte del camino que lleva a Cavada Pequeña, al oeste del Ojo del Agua, más allá del Bosque del Fardo y el Pantano de los Juncos... un bonito sitio, cerca de la Delagua de mi familia; espero verles por allí algún día, caballeros -y Adanost se dio la vuelta para irse, pero Eleder le tomó del brazo.


-¡Espera! La cosa no es tan sencilla... ¡Mira este mapa! -y el Doctor sacó un pequeño mapa, que no era sino una de las páginas del Libro Rojo de la Frontera del Oeste, que otros conocían con obvia incorrección como El Señor de los Anillos- ¡Mira este mapa! Si lo ves... ¡¡aquí no aparece nada parecido a "Nobottle"!! En el lugar en el que dices, aparece marcada una localidad, sí... pero ¡no tiene ningún nombre!

-Bueno... es verdad, sí. Es un problema editorial, en realidad... por lo que sí podéis haber hecho bien al recurrir a mí; se ve que en estas ediciones de la, por otra parte, prestigiosa Editorial Minotaurë, un descuido fortuito o un error azaroso hicieron que en la edición en Oestron del libro no se plasmara el nombre de ese pueblo, que quedó como una localidad innominada. Pero si miran una edición en Westron, observarán que, en efecto, se trata del pueblo de Nobottle, que podéis conocer también, como es obvio, como Botella-no.

-¡Vaya! -Eleder suspiró- Hicimos muy bien en recurrir a ti, en efecto. Bien... he de irme, ahora. ¿Nos veremos en las Jornadas de Recreación Histórica de Tharbad, en abril?

-Es muy posible; espero que las publicaciones no me obliguen a hacer horas extras. Tenna rat...... ehm... ¿qué es ese ruido?

Eleder se volvió, y pudo ver cómo Folco se había cansado de la disquisición, y, en cuanto hubo satisfecho su curiosidad genealógica, había vuelto nuevamente a sus intereses más primarios, y había comenzado a perseguir a una estudiante de Bellas y Feas Artes; pero ésta, no dispuesta a permitir que ese invasor molestase su caminar por un segundo más, le había atizado con violencia en todo el ojo con un voluminoso ejemplar del Bestiario de David Día. De manera que Folco cayó al suelo, mientras la estudiante prosiguió su camino sin volver la vista atrás un segundo; y unos Balrogbedeles que habían observado la escena salieron de sus despachos y se abalanzaron sobre Folco, para sujetarle de los brazos y comenzar a arrastrarle fuera del recinto universitario.

-¡¡Bueno, Eledito... mucho gusto de volver a verte!! -gritó Folco, mientras era arrastrado por los bedeles- ¡Recuerdos a la pelirroja! ¡Y a ver si nos volvemos a ver pronto, y nos corremos otra juerga como las de anteeeesss!

-Sí... pero que sea al Otro Lado del Mar -musitó Eleder para sus adentros. Y no se refería a Ciudad Gondor.