h Malinorne: Colofón - 1 y final

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

enero 13, 2006

Colofón - 1 y final

(Una historia de Alexandre Cambragol y Antonio Aladón)

COLOFON

Villaconejos del Encinar, 10:03, jornada 1

Hoy s’ha parao en mi bar un tipo mu raro, con gafas. Un sabelotodo desos de la ciudá, que se cren que to lo saben cuando no saben na. Desos que te vienen a explicar no se que plantaciones modernas de remolachas y adespués te se secan y te se mueren toas.

Parecía que tenía prisa. Ha pedío una cerveza y se l’ha tomao d’un trago. Adespués ha pedío otra, que también se l’ha jalao de un solo trago. Adespués s’ha marchao como alma que lleva el diablo.

Tan rápido s’ha marchao que no m’ha dao ni tiempo a decirle que se había dejao la cartera de piel grande que llevaba consigo. Es una cartera de piel marrón, con hebillas plateadas, vieja como ella sola y mu estropiada.

La he cogío y la he metido dentro del cuartucho. Aluego iré a dar parte a la Guardia Civil.

Villaconejos del Encinar, 20:50, jornada 1

Ha venío el Venancio al bar, y m’ha montao un follón. Que me dice que mi vino es vinagre, y que no sabe como no tengo vergüenza. ¡Vinagre dice!, ¿Qué se sabrá él, qu’es un muerto d’hambre?. Y además anda en lenguas de to’l mundo, porque cuando va borracho, dicen que le casca a la parienta, a la Rufina. ¡A la Rufina!. ¡Mucha mujer pa tan poco hombre!. Si se la rifaban tos en el pueblo, no se como dio a parar con ese mentecato. Vinagre dice, que sabrá el...

Con to este lío me s’ha hecho de noche y m’olvidao de llamar a la Guardia Civil. Asi que tendré que llevarme la cartera del forastero a casa, y mañana Dios dirá..

Villaconejos del Encinar, 22:00, jornada 1

He llegao a casa y he metío la cartera en el armario, donde la ropa. L’he dicho a la parienta que no la toque. M’ha preguntao que de quién era esa cartera y yo l’he contestao qu’eso eran cosas de hombres y que a ella no le interesaban pa na. Adespués le he dicho a la Remedios que m’hiciera unos huevos fritos con jamón, pa que m’alimentaran bién, adespués del dia de perros qu’he tenío.

Después de cenar he mandao a la mujer pa la cama, porque quería ver, sin mirones, qu’había dentro la cartera. Ha refunfuñao un poco, hablando del mandón y aguafiestas que tiene por marío, pero ha hecho lo que l’he mandao, como debe ser.

No me juzguen mal. No soy ningún metementodo. Si he abierto la cartera es pa poder ayudar adespués a la Guardia Civil a encontrar al que l’ha perdío. Si, por ejemplo, uno s’encuentra artículos de baño, prendas de vestir o muestras de cuberteria, uno pué tener la seguridá qu’es un viajante. Por el contrario, si hay libros dentro sabremos qu’es un maestro de la escuela el dueño de la cartera.

Na deso había adentro. Solo varios fajos de papeles escritos, sin orden ni concierto, algunos a mano, otros a máquina. He cogío uno de ellos:

“... La entrada en el universo que contiene al planeta Tierra no fue como se esperaba. Muy probablemente los cálculos realizados para transportarse de un universo a otro estaban mal concebidos, quizá por la prisa excesiva con la que se gestó el proyecto. No se tuvo en cuenta, por ejemplo, que los universos se superponen en capas, formando un continuo no numerable, de forma que, para pasar de un universo a otro, es necesario pasar antes por un número de ellos no bien determinado. El simple hecho de tener que ir atravesando cada uno de estos universos altera la trayectoria, imperceptiblemente al principio, de manera notoria después, de los espacionautas.

El caso es, como ya se ha dicho, que el ingreso en nuestro universo tuvo resultados no deseados. El punto original de destino, se había calculado así, era un punto bien determinado del desierto de Los Monegros, el 3 de Marzo de 2004. Sin embargo, como se verá, la realidad no se ajustó a las previsiones.

El capitán William T. Riker y el Doctor Beverly Crusher aterrizaron en medio de la Maestranza de Sevilla, justo cuando el torero iba a entrar a matar. El capitan Riker resultó muerto en el acto, a consecuencia de las cornadas recibidas. El doctor Crusher tardó hora y media en fallecer, después de que una ambulancia se lo llevara de allí al hospital mas próximo, atravesado por la espada del torero, con orificio de entrada en salva sea la parte.

El noble Caranthir, por su parte, fue a parar en medio de un mitin de un conocido partido político. Al percatarse de su aparición, la multitud, motivada por las palabras que había pronunciado su lider, sobre la necesidad de acabar con la violencia, linchó al pobre Caranthir ‘in situ’. ‘Creimos que era un saboteador de la oposición y , claro, se nos fue un poco la mano.’, confesó después uno de los asistentes.

Por su parte, el capitan Jean-Luc Picard y la oficial O’Neil terminaron su viaje en una remota isla del Pacífico. El capitán Picard lanzó una última llamada y sus palabras finales fueron ‘... Estamos en una hermosa isla, rodeados de arena y cocoteros. Será inútil que intenten ponerse en contacto con nosotros porque el telecomunicador esta a punto de estropearse.’

En lo que al oficial cientifico Data se refiere, no solamente la ubicación geográfica fue erronea, sino también la temporal. Un análisis detallado de las obras - de carácter popular pero con un importante contenido científico- que, sospecho, escribió después de su llegada y que tanta aceptación alcanzaron en su tiempo, me hacen pensar que su punto de destino fue el París de finales del siglo XIX. Se hacía llamar Jules Verne.

En cuanto a mí, llegué a una pequeña ciudad. Anhelando olvidar toda esta historia y deseosa de arrinconar mi pasado con Microchof, me enrolé como experta en informática en un pequeño hospital del Noroeste.

Ha informado la señorita Keks, tripulante de la Expedicion de Rescate de Madirath.”

Está claro que no es ni viajante ni maestro. Es un loco, d’esos d’atar, porque escribe cosas que no’ntiende naide . Mañana tengo qu’hablar sin falta con la Guardia Civil.

Villaconejos del Encinar, 21:08, jornada 2

Otra vez ha venío el Venancio por aquí, esta vez pa quejarse de mis chorizos. Que si tienen mucha grasa, que si están pasaos...y l’he dicho al Venancio :¡Venancio!. ¡Si me buscas me vas a encontrar!

Total ,que m’había traido la cartera al bar con intención d’avisar a la Guardia Civil, y con el disgusto grandismo se m’ha olvidao, y me la tendré que llevar otra vez a casa.

Villaconejos del Encinar, 21:58, jornada 2

L’he dicho a la mujer que me preparase unas alubias con chorizo y la he mandao pa la cama. Quiero seguir leyendo sin que naide me moleste.

He agarrao algunos papeles más, y esto es lo que decían:

‘... No se que estoy haciendo, continuando esta estúpida historia. Sobre todo teniendo en cuenta que quien que estaba escribiéndola al alimón conmigo se ha cansado de ella y ha dejado de redactar su parte. Solo así se puede entender que aceptara tan rápido mi propuesta de acabarla.

En fin, ahora me toca decidir sobre el destino de Axel Pers, J. Treeks y Antoine. Con la pereza que da el tener que volver a releer esa parte de la historia para recordar en que situacion estaba cada uno.

Como si no hubiera nada mejor que hacer. Por ejemplo, un relato, basado en la Odisea de Homero.

Polifemo esta custodiando a Ulises, para evitar que se escape. Puesto que el cíclope se aburre comienza a cavilar. Durante bastantes páginas nos hace partícipes de sus reflexiones, ora atinadas, ora descabelladas, a veces fáciles de seguir y a veces bastante abstrusas. Como consecuencia de ellas llega a la conclusión de que no es Ulises el prisionero, sino él. Hipoteticamente, podría dejar que Ulises escapara. Pero Polifemo no puede permitirselo, mientras esté convencido de que debe seguir desempeñando su papel de carcelero. El hecho de haber escogido capturar a Ulises, cuando podría no haberlo hecho, le hace esclavo, eso cree el cíclope, de su propia elección.

No puede liberar a Ulises de cualquier manera. No al menos mientras no sea capaz de modificar su punto de vista.

Veinte páginas después, en las que el autor hace un erudito alarde de su profundo conocimiento de las terapias de modificación de la conducta y en las que no cita menos de quince veces el nombre de Freud, refutando sus teorias, y no menos de doce el de Wilhelm Reich, para loar su obra, el autor nos hace saber que el cíclope ha conseguido transformar sus pensamientos y hallar una solución. Se dejará embriagar por Ulises para que éste pueda escapar facilmente. El resto de la historia ya la conocemos. La ceguera es el precio que el monstruo ha de pagar por su liberación...”

Loco de remate, lo que decía yo. No m’he enterao de media palabra. ¿Pa que sirve escribir historias si uno no se entera d’ellas?. ¿Será que no’scribe en castellano?. Mañana no se me pué olvidar dar aviso al cuartelillo.

La Capital, 15:40, en un dia sin determinar.

Esta historia del kolega de pueblo ke se enkuentra una kartera es dabuti. Los papeles ke le jodí al chorbo akel de gafas me están haciendo pasar un rato guapo, guapo. Ke risa el pavo akel. Kuando le apunte kon la pipa y le dije “Si te mueves te la meto por el kulo” no hacia mas ke decir: ¡No dispares, no dispares!. Me partía la kaja.

Villaconejos del Encinar, 13:02, jornada 3

Hoy n’ha venío el Venancio, pero aun así la mañana ha sío mu rara. A eso de las once ha venío un mozo con una cresta verde en la cabeza, como si fuera un gallo. Ha pedío un whisky, y, al ir entonándose, hemos trabao conversación. Digo conversación por decir algo, porque tó se l’hablao el.

“Anselmo, Anselmo. Lo vas a pasar mal, kolega. He leido la historia y kreo ke vas a pringar. El kolega ke la eskribió la hizo guapa, guapa de verdad. ¿Y sabes komo la titula?. Kolofón. No se ke es eso, pero suena dabuten.

. Komo eres un kateto me estoy pasando un rato guapo, guapo contigo. Oye tronko, de verdad ke eres un paletazo kon boina komo los de antes.”

De tó lo quee m’ha dicho solo m’enterao de mi nombre y he sentío que hablaba cosas malas de mi. Será cosa del Venancio, que seguro que anda malmetiendo y poniendome como un trapo, aun delante de los forasteros.

Villaconejos del Encinar, 22:15, jornada 3

He llegao a casa de mal humor. Otra vez el Venancio, que m’ha dicho que l’han dicho que voy diciendo cosas del. ¡Como si el no hablara cosas de mi!. Hemos armao una gresca gorda, y de no ser por el Fermín, qu’ha entrao en el bar en ese momento, habíamos llegao a las manos.

En fin, que la mujer no para de rezongar. ¡A la cama te vas tu, que yo estoy ya bien harta!, m’ha dicho. Pero al final s’ha impuesto el cabeza de familia, u sea yo, y s’ha ido a dormir.

Estos papelajos empiezan a osesionarme :

“... en cuanto al destino de Axel Pers y J. Treeks hay que decir que se encontraban por las calles de Amsterdam, en busca de su buen amigo Antoine, cuando de repente, al pasar por un callejon solitario, se toparon de frente con los hombres de negro. Estos los rodearon, y, sin que mediara provocación alguna, estos ultimos comenzaron a disparar sobre nuestros dos heroes. En un arranque de desesperación Axel intentó echar a correr, mientras Treeks intentaba buscar refugio en un Pub cercano...

Y bien, amigo lector, segúramente estás esperando que te diga que ambos murieron, debido a la gravedad de sus heridas, no sin antes haber sufrido una horrenda agonía. Pero no voy a alimentar ni a fomentar tus sádicos instintos. Es más, en un arranque de benevolencia y buena disposición dejare que seas tu, en tu imaginación, el que ponga el punto y final a la historia de los dos compañeros. En cuanto a cómo consiguieron escapar – si es que lo consiguieron - de un fuego denso, copados como estaban en todas direcciones y practicamente sin posibilidades de reacción, eso es cosa tuya.

En cuanto a Bill y Donald he de decirte que siguen haciendo lo de siempre. Es decir, ejerciendo de intermediarios de aquellos que controlan el mundo desde la sombra.

En lo que se refiere a Antoine, consiguió escapar de sus captores. Se conjetura que, después del sufrimiento que le ocasionó su cautiverio, nunca volvió a ser el mismo.

La última vez que lo vieron fue en un bar de pueblo, de esos de la España Profunda, con una cartera de piel, que dejó allí olvidada, tomándose un par de cervezas.

Dentro de la cartera, además de medio centenar de hojas en la que se encontró escrita una delirante novela corta – al parecer en colaboración con otro- , se encontraron dos perlas: Dos haikus (como muy bien ignoras, lector, el haiku es una forma de poesía tradicional japonesa que consta de tres versos, heptasílabo el segundo, pentasílabos el primero y el tercero, que, además, riman, preferentemente, en asonante), que reproducimos a continuación:

Una hoja seca:

Regalo del otoño

A la floresta.

Canta cigarra:

Canta todo el verano

Muere mañana.

Nadie ha vuelto a saber nada de Antoine desde entonces.

Y en cuanto al resto de los personajes, ni me acuerdo, ni quiero, ni tengo ganas. Ya están bastante baqueteados y bastantes malandanzas han padecido como para inventarles ahora un destino, fausto o infausto. Con eso te tendrás que conformar, lector.

A mi me interesan otro tipo de historias. Como por ejemplo, la de Luis XVI, rey de Francia, cuando intentaba huir al extranjero a traves del bosque. El monarca, símbolo del despotismo ilustrado, rey absoluto, va reflexionando a lo largo del camino. De pronto se percata de que es históricamente necesario que se afiance la república francesa, y que la causa que han abrazado los revolucionarios es la única posible, pues cumple las exigencias del destino histórico. Harto de huir, sobre todo de si mismo, da ordenes a sus escoltas para que reduzcan la marcha, con la consiguiente desesperación de María Antonieta. Como se sabe, son capturados y conducidos a Varennes. El precio que ha de pagar el rey por la liberación de su pueblo es su cabeza...”

¡Rediós, que cosas tan raras escribe este tío!. De mañana no pasa, llevaré los papeles al Comandante.

Villaconejos del Encinar, 15:15, jornada 4 y colofón.

Por fin h’entregao los papeles. Bien sabe Dios las ganas que tenía de quitármelos d’encima, porque si no, m’había vuelto loco de remate. Han venío al bar el cabo y el número de la Guardia Civil y se les he dao. Nos hemos tomao una chiquita juntos, hemos hablao un rato de cómo s’apresenta la cosecha d’este año, y adespués el cabo, mu fino y educao, m’ha pedío que les acompañara al cuartelillo.

Esta mañana s’han encontrao al Venancio, junt’al’acequia grande, con la cara reventá por un tiro d’escopeta.

En Vigo, a 3 de Marzo de 2.004

colofón.

(Del lat. colŏphon, -ōnis, y este del gr. κολοφών, término, fin).

1. m. Impr. Anotación al final de los libros, que indica el nombre del impresor y el lugar y fecha de la impresión, o alguna de estas circunstancias.

2. m. Remate, final de un proceso. El último capítulo, redactado por Antonio, puso un brillante colofón al relato.