h Malinorne: Conexiones - 1

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

enero 13, 2006

Conexiones - 1

(Una historia de Alexandre Cambragol y Antonio Aladón)

I

- He de deciros amigos, y he de deciros con tino, que éste es hombre peligroso y de viles artimañas. Andaros con ojo pues, pero no le hagáis ningún mal, el corazón me dice que aún debe jugar un papel importante en esta historia.

Los mensajeros elfos recibieron las últimas instrucciones y se apresuraron a partir hacia Dol Amroth en el Reino de Gondor. Dejaron a un abatido Caranthir en el salón del trono de Eregion. Pocos habían visto así a su Señor, confundido, consternado, pero aún así decían su mano era fuerte y sus pensamientos claros. Tres noches atrás, Caranthir empezó a tener raros sueños, premoniciones pensaron en un principio, o quizá el pergamino orco del Harad de extrañas revelaciones le había afectado. Hablaba en esos sueños, decía sobre todo una palabra “Bill”. Los Sabios de Eregion afirmaron categóricos: Esa palabra no significa nada en ninguna de las lenguas de la Tierra Media. Para aquellos que respetaran a su Señor –y eran todos- no se atreverían a decir que eran delirios, así que se guardó un prudente silencio sobre los sueños. Y ante todo a Caranthir le dolía la cabeza, casi todo el día se quejaba ante sus médicos que no encontraban ningún mal y lo achacaron a la falta de descanso.

II

La resaca fue descomunal, Alsandir se levantó como pudo, pero ¿cómo pudo haber dormido en esa posición?, por supuesto le dolía todo hasta el último músculo de su cuerpo, y especialmente le dolía la cabeza. Miró a su alrededor… vasos en la mesa, botellas del mejunje de Treeks, ¿cuánto habían bebido?. Treeks en un principio había insistido en contarlas para comprobar quien bebía más, acabó desistiendo cuando dejó de saber contar. Dormitaba ahora en el suelo junto a una silla caída. A. no estaba, Alsandir en un esfuerzo ordenó sus pensamientos… ¿no era cierto que A. apenas sí había bebido?, rellenaba su copa con la más amplia variedad de zumos de frutas tropicales, alguna manía suya había pensado Alsandir, cuando Treeks le insistía para probar este “aguardiente de los pozos de Odense”, A. aceptaba y con educación mojaba los labios.

- Ah, mi buen A. –pensó Pers-, has querido mantener la cabeza fresca.

¿Dónde estaba ahora A.?. Alsandir pensó en los hombres de negro, ¡cielos!, deben rondar por ahí fuera buscándonos. Cuando intentó llamar a su amigo con la esperanza de encontrarlo en la casa notó la voz muy pastosa y sólo pudo salir una palabra de su boca:

- L…o…r…Í…n…d…o…l

A pesar de que la palabra era extraña para él supo sin pensarlo que era llana y que la sílaba fuerte era la segunda.

III

Bill dio órdenes a la recepción del hotel de no ser molestado bajo ninguna circunstancia. Estaba enfrascado en las conclusiones a las que la señorita Keks había llegado sobre la partida de ajedrez entre A. y Alsandir y que le había hecho llegar por e-mail la noche anterior. La primera conclusión a la que él mismo llegó era que evidentemente tendría que mejorar su programa de búsqueda BILL; la inteligencia humana, aunque imperfecta, falta de concentración y en sí misma falta muchas veces de propia inteligencia, sí disponía de algo que los ordenadores y programas que Bill diseñaba no alcanzaban: intuición. Pondría a trabajar en ello a varios cientos de personas, crearía un sistema basado en la intuición, una inteligencia artificial claramente intuitiva.

Lo anotó en su PDA en “tareas pendientes” y siguió discurriendo.

Sin duda A., de alguna forma era un agente, alguien más arriba le daba instrucciones pero su camino no era muy diferente al que Bill y los Eruditos seguían. Por sus propios motivos, A. había influenciado a Alsandir para evitar el trabajo de éste en el campo de la fantasía. Podrían contar con él si lograban influenciarlo.

El ajedrez requiere concentración, eso decía Keks, pensamientos concentradísimos en un instante para cada movimiento, un auténtico latigazo neuronal. El momento idóneo para abrir tu mente a los impulsos del otro lado o hacerlos llegar, A. ha establecido algún tipo de conexión con seres del otro plano y actúa en la mente de Alsandir del mismo modo que un anuncio: poniéndote en la cabeza aquello que no quieres, no necesitas o en lo que ni siquiera has pensado. Muy listo, él no influencia, motiva: consigue que el sujeto piense que es él mismo el que ha decidido esto o aquello, la mejor forma de que permanentemente siga la dirección que pretendes; la antigua KGB –seguía el informe de Keks- desarrolló en Kiev ambiciosos estudios que demostraban la vulnerabilidad de la mente a influencias externas, lo que prueba…

TOC TOC

Bill levantó la vista del portátil en el que trabajaba y no pudo evitar una mueca de frustración, ¿no había dado órdenes explícitas de que no le molestaran?, hablaría con el director, compraría el hotel y lo cerraría.

Ni siquiera esperaron a que respondiera, abrieron la puerta y una figura se coló en su habitación.

- Bienvenido a Ámsterdam, Bill –dijo la figura con una vocecilla que le ‘motivó’ a Bill un extraño pensamiento: “si los ratones hablaran hablarían así”.

Reconoció esa voz en el instante después.

Donald era un hombre de estatura y complexión media, rondaba los 60 y se mantenía en buena forma, su posición lo requería, no podía dar muestra de la menor debilidad. Lo que le distinguía, evitando que su rostro rayara lo vulgar eran los ojos, pequeños, se escondían en sus cavidades, la mejor forma de definirlo es que causaban intranquilidad cuando se posaban en uno mismo, como si todas las opciones fueran sopesadas. No destacaba especialmente en la dialéctica, sus intenciones se mostraban antes incluso de que empezara a hablar.

Obviamente era uno de los Eruditos.

- Me empezaba a parecer raro que no vinieras a visitarme, Donald, verás, es de vital importancia que localicemos a A. y a Alsandir, y a ese nuevo hombrecillo que les acompaña, ¿cómo habías dicho que se llamaba?, Striks, sí.

- Treeks.

- Espero que tus hombres sean lo suficientemente competentes.

- Lo son.

- Eso espero.

- Puedes ser muy bueno con los ordenadores, Bill, pero déjame a mí estos asuntos. Hemos capturado a A. en un supermercado en el barrio antiguo. Y ya ha empezado a cantar, su verdadero nombre es Antoine –pronúnciese Antuán-, es francés o algo por el estilo.

Bill apagó el ordenador y cerró el portátil, pensó por un momento en la nueva situación, miró el rostro de Donald y estudió sus ojillos como si pudieran revelarle algo más, y sonrió.

- Quiero verle –dijo en un susurro.

IV

Las horas que preceden al amanecer es el momento que eligen los elfos para deambular por los caminos de la Tierra Media. Miran las estrellas y ven el mismo cielo que atrás podían observar, el mundo ha cambiado, se puede sentir en cualquier cosa que les rodea, su tiempo ha pasado. Pero más allá, en el firmamento, todo sigue igual.

- Ah, Elbereth Gilthoniel, Man cenuva métim' andú?.. elenillor pella

Es el momento elegido para internarse en las tierras de los hombres, pocos entre ellos guardan vigilia, y quien pudiera verlos pasar, una sombra en la noche, silenciosa, lo confundiría con parte de un sueño y poco tiempo lo recordaría.

- Si vanwa ná Eldamar isilmë lantalassë

Pero, ¿quién entre los hombres puede afirmar que un sueño es real?