h Malinorne: Continuación - 2

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

enero 13, 2006

Continuación - 2

(Una historia de Alexandre Cambragol y Antonio Aladón)

Había pensado concienzudamente su movimiento 6...cxd4. Cuando hubo comprobado que su contrario no había ideado ninguna ar[ti]maña táctica envió el e-mail, dirigido a su amigo Alsandir.

Después se puso a revisar el correo. Uno de los mensajes le llamo la atención. Estaba firmado por un tal “Guillaume” y destacaba en la casilla de “Asunto” la enigmática expresión “Fenêtres”.

Lo abrió, no sin antes comprobar con ca[ute]la si estaba infectado por algún virus. Le golpeó la blanda dureza de la amenaza:

“Mi poco estimado A. He abierto una ventana en tu correo. Sé quien eres. Sé que haces, en que trabajas, con [qu]ien sales. Conozco a tus contactos y a tu familia. Se lo que estás escribiendo. Yo que tu lo dejaría...”

Se puso pálido. Adquirió el hábito de comprobar, mientras caminaba por la calle, si alguien lo acechaba. Durante los primeros días no advirtió nada raro, lo que le sirvió para tranq[uilizarse.]

Pero unos cuantos días después comenzó a observar que una desusada proporción de hombres de negro, con gafas de sol, también negras, se cruzaban en su camino. Aunque trataban de disimular, estaba claro para A. que lo estaban vigilando. Cada día su tensión se acentuaba, pues, a medida que pasaba el tiempo, sus rondadores se escondían cada vez menos. [El sist]ema nervioso de A. estalló el día en que uno de el[los]...

(Unas cuantas lineas ilegibles)

...[pe]nsaba en huir. Se dirigió rápidamente al aeropuerto y compró un billete para ... (Varias líneas ilegibles) ... tomó el autobús de línea que lo llevaría al pueblito de Grim.

Se paró ante la casa de su amigo Als. Este vivía en una coqueta casa, estilo siglo diecinueve. Cuando se disponía a subir algo le llamó la atención.

En la esquina se acodaba un hombre de negro, con gafas de s[ol], comiéndose un helado.

Subió a toda prisa las escaleras, y al llegar a la puerta del piso donde habitaba Als se enganchó al botón del timbre como si su vida dependiera de ello.


V

- Tranquilízate, amigo. No hay nadie abajo. ¿Estás seguro de que has visto lo que dices que has visto?. Recuerda que eres una persona sumamente excitable. Recuerda que estuviste una larga temporada a tratamiento con ... (No se puede leer el final del parágrafo)

...U[n]a [mu]eca triste se asomó a la faz de A.

- Completamente seguro. Al principio no les di demasiada importancia, pero cuando su número comenzó a aumentar empezó a cre[ce]r, proporcionalmente, mi [a]ngus[ti]a. Y no se que hacer. Por eso he venido aquí. Porque confío en ti.

Alsandir asintió, conciliador.

- Conozco a alguien que nos puede ayudar.

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Y esta es la historia. ¿Qué podemos hacer?

Estaban sentados en el pub “Scottish”, aunque Als hubiese preferido ir al “Millenium”. La cara redondeada de J. Treeks - Pronúnciese Trics - no expresó emoción alguna. Era un hombre flemático. Para el no existían los problemas, sólo los acontecimientos. No extrañaba, pues, que se t[om]ase la vida con calma.

Nacido cerca de Odense, en la relativamente próxima Dinamarca, se había trasladado a [H]olanda cuando todavía era un j... (Aquí termina el fragmento de pergamino recuperado).