h Malinorne: La Historia Sigue - 2

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

enero 13, 2006

La Historia Sigue - 2

(Una historia de Alexandre Cambragol y Antonio Aladón)

III

Extracto de “Yo, Lorindol”, Ediciones Pergamino Arrugado

No hay mucho que contar del viaje, dejé mi hogar en Dol Amroth en un día típico del sur: nubes altas que viajan al norte a descargar su preciado líquido mientras el sur languidece en la sequía. Sol de justicia si me permiten la expresión, pues no encuentro equidad en que luzca o no el sol. Mi caravana se componía por yo mismo, mis dos guardaespaldas (muy profesionales: cuando se nos cruzaba algún individuo por debajo de la media de altura o con barba de más de una semana lo paraban de inmediato y buscaban entre sus ropajes hachas de batalla a dos manos), varios comerciantes de Athelas, la Hoja de Reyes (aunque sospecho que más bien eran contrabandistas de Hierba de la Comarca por el agradable olor que salía desde su tienda), y finalmente unos jóvenes que iban a probar suerte a la capital.

Al decimoprimer día de iniciar la marcha se nos cruzó a galope tendido un caballo que viajaba hacia el sur, su jinete nos sobrecogió. Era su presencia en sí misma, poderosa, coronaba su cabeza de negros cabellos una corona de fina plata, recogía los rayos y los devolvía en múltiples colores y contrastes. Me miró, y sentí como si sus ojos se clavaran en mi alma y desnudara mis pensamientos más íntimos, pero fue agradable, como perder la vista en la lejanía desde un alto. Si tuviera que decir en aquel momento quien creía que era hubiera dicho que sin duda uno de los antiguos dioses de los que se hablan en los libros y en los que hemos dejado de creer, tal vez Oromë el Cazador. Había visto, como todos, dibujos de los Poderes de Arda, siempre armados hasta los dientes y eternamente cabreados. Era un Elfo sin embargo, uno de los antiguos señores que antes habitaban en nuestras tierras y que se perdieron en la historia. Pero como nunca había visto uno hasta entonces no lo supe hasta que tiempo después me buscaron y me encontraron. Pero esa es otra historia y no la cuento aquí (ver capítulo tres del libro tercero de mi autobiografía).

No era difícil encontrar la ruta a Minas Tirith, las indicaciones que recibías para evitar tal o cual desfiladero, vadear ríos, eran fáciles: sigue los tubos de cordel, todos llevan a la capital. Mis compañeros de viaje acabaron por tornarse aburridos tras tres semanas y me abstraía en mis pensamientos hasta el punto de perder la noción. Por las noches evitaba a mis guardaespaldas y me internaba en la tienda de los comerciantes y fumaba en pipa con ellos en silencio, eso me ayudó a pasar los días, soñando con que con la noche llegaría la recompensa del descanso y la abstracción. Finalmente nos recibieron los guardianes de Minas Tirith y los siete muros blancos de la ciudad se divisaron. Era un espectáculo impresionante, no lo pude disfrutar en su justa medida, los nervios me atenazaban por la presentación del proyecto ante el comité, era como si tuviera que pasar una reválida o algo así, ¿qué pensarían?. No es lo mismo ser un experto en el estudio del lenguaje como yo fui que ganarse los corazones y las mentes de unos estudiosos de la física y mecánica con mi pobre retórica.

Subí las escalinatas del Instituto de Ciencia Sarumánica donde se reunían las mentes más prodigiosas en el estudio de la ciencia física. Todos estaban atareados allí dentro e intenté pasar desapercibido. Me indicaron donde estaba el salón de audiencias y que me estaban esperando.

El Comité Científico estaba reunido, eran cinco de graves miradas.

- Aiya nobles señores y señoras… –tarde vi mi error, no había ninguna señora, pero el uso del antiguo Quenya como saludo pareció complacerles

- Suilad joven Lorindól –habló el de más a la izquierda, conocía el protocolo: me respondió en Sindarin, lengua de los elfos del bosque, pero dijo mal mi nombre, eso me puso más nervioso.

- Hemos oído hablar de vos y vuestro trabajo en Dol Amroth, Mente Ágil –habló el del centro-, nos complace conocer al joven que ha conseguido que las transmisiones militares por cordel sean al fin seguras.

- Gracias… viniendo de ustedes es todo un halago… por cierto se pronuncia Loríndol -conseguí decir.

- Háblenos del proyecto en el que está trabajando, los informes por cordel dicen que es muy prometedor –agradecí que el de la derecha acabara con el protocolo y me diera licencia para explayarme.

Repartí jadeante entre los científicos rollos de pergamino con los bocetos más avanzados del ingenio, los estudiaron con aire crítico.

- Verán, le llamo la Máquina de Cordel… así a simple vista quizá no vean su utilidad, dejen que les explique. Todos estamos hartos del grillear –los nervios me traicionaban otra vez, usé la palabra vulgar por el que era conocido entre el populacho el Ritmo Vibratorio, las señales acústicas que componían el Código Rúnico-, y el vaso amplificador es frágil y se rompe a menudo… he oído casos incluso de familias que han perdido toda su vajilla.

Asintieron, probablemente a alguno de ellos le había pasado, retomé la charla con ánimos renovados.

- Además, ¿qué ocurre si no hay nadie al otro lado para recibir el mensaje por la Red Cordelera?, simplemente se pierde. Si ven el gráfico de la derecha comprenderán, esas cuchillas son sensibles al sonido… se activan con la vibración. Colocando un trozo de papel en la ranura y conectando la máquina al cordel recibe los impulsos acústicos, la longitud de onda activa la cuchilla y ¡zas! perfora el papel. Tenemos el Código Rúnico trascrito.

- ¿Por qué en vez de mover el papel con este carro dentado de aquí no hace que la cuchilla se desplace? –preguntó el segundo empezando por la izquierda.

- Verá, manteniendo la cuchilla fija se consigue más precisión en el zas… o eso creo.

- Yo revisaría este carro dentado con rodillos –aseguró el segundo de los cinco empezando por la derecha.

- Es precisamente lo que mueve el papel. El papel se inserta por aquí en este rodillo, con esta rueda se dobla a través del rodillo, se ajusta, este disparador detecta el final de línea y hace saltar el papel un punto hacia abajo y retrocede a la izquierda para empezar una nueva línea desde el principio.

IV

Los bocetos convencieron al comité científico viendo su genialidad. Aprobaron los fondos para construir las primeras maquetas. Sustituyendo el vaso amplificador por esta máquina se consiguió automatizar todo el proceso del cordel. Tiempo después la Máquina de Cordel sufrió una segunda modificación, activando la cuchilla no sólo con la onda acústica si no manualmente por medio de tres teclas: Zas corto, Zas largo, y espacio en blanco.

Los escribas abandonaron pluma y tinta y empezaron a usar la Máquina de Cordel para transcribir discursos, edictos, sesiones.

Sin embargo la utilidad que más se apreció entre la gente fue que acabó con el grillear, aunque pronto rebautizaron la máquina como la Zaseadora.

***

V

Bill recibió un mensaje en el mini-ordenador de su mesilla, tenía correo. Los resultados largamente esperados por fin estaban a su disposición:

>> Coincidencias Lógicas encontradas: 2

>> Partida de ajedrez con fines únicamente lúdicos: 65% veracidad

>> Partida de ajedrez con claves insertadas: 34% veracidad

>> No computable: 1%

>> Posible clave:

>> División en cuadrículas numeradas de Europa Occidental,

>> Viajes contrastados de sujeto Alsandir a casillas

>> coincidentes con movimientos aleatorios,

>> La Valleta, Malta, casilla d2

>> Ginebra, Suiza, casilla c5

>> Cardhu, Gran Bretaña, casilla c7

>> No computa: Vodkana, Uzbekistán, casilla fuera de tablero

>> Veracidad: 34%

No eran resultados concluyentes para Bill, había algo extraño en todo esto. ¿Quizá A., con un propósito todavía desconocido estaba dirigiendo a Alsandir en sus viajes?, no, la partida era posterior ¡era al revés!, Alsandir estaba informando a A. de sus viajes, ¿con qué fin?; siempre claro, que todo esto tuviera un sentido incluido en el 34%. Todavía había más cosas que preocupaban a Bill: un 1% no computable.

Pidió más datos al programa BILL, la respuesta le perturbó, el movimiento de una pieza, un caballo, había sido descartado por el programa, sus movimientos eran desconcertantes y estadísticamente no coincidían ni con las posibilidades más remotas descartadas por el programa, resultado: no computa.

Desde luego Bill no sacó nada en claro y no se molestó en informar a los demás Eruditos, si había una cosa razonable es que había que vigilar a A. y a Alsandir, pero de esto ya se ocuparía de organizarlo Donald, otro de los Eruditos, más ducho en ello.

VI

Se les llamaba los hombres de negro porque vestían de riguroso negro; si nevaba se ponían su gabardina negra, si hacía calor no se quitaban la americana negra, tomaban helados.

Eran los mejores en su profesión, tenían un lema “Seek and Destroy”, y lo que les distinguía era que disfrutaban, disfrutaban mucho.

Las órdenes de arriba eran claras: solo ‘seek’, nada de ‘destroy’. El objetivo fue localizado y sometido a un implacable seguimiento:

Trabajo, casa, trabajo, casa, trabajo, café, casa, paseo matutino dominical, encuentro ¿casual? con amigo en parque, casa, casa, bar, bar, casa, ¡¡aeropuerto!!

Destino: Ámsterdam, Holanda

- Colmena, habla Zángano. El objetivo se ha encontrado con sujeto identificado como Alsandir Pers.

- Colmena, habla Zángano. El objetivo y Pers se reúnen con sujeto no identificado en un bar, intentamos interceptar charla.

- Colmena, habla Zángano. Se desarrolla principalmente en español, desconocemos significado, intentamos reproducir sonidos para su traducción:

Habla sujeto no identificado:

“Tranquilos muchachos, ¿otra cerveza?”

1 Comentarios:

Anonymous keleb-dûr dice...

:______D JUASJUASJUAS

Están muy bien estas historias. Me han enganchado, quiero saber más.....XDDD

olatz

1:39 p. m.  

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