h Malinorne: Lestandor - VI: ¿la Mitad del Mundo?

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

diciembre 19, 2009

Lestandor - VI: ¿la Mitad del Mundo?

También el tiempo atmosférico tiene cierta conciencia dramática. Por eso, en este punto culmen de la historia del Doctor Eleder en Lestandor, el clima había decidido proveer de un fondo apropiado a los acontecimientos, brindando rayos, truenos, relámpagos y demás parafernalia a las figuras de Eleder y Celebriel, y a la muchedumbre extremista que corría hacia ellos con claras intenciones de des-elederizarlos y des-celebrielizarlos.

Eleder y Celebriel se miraron. Y bastó una sola palabra para hacer que sus espíritus latieran al unísono:

-¡¡¡CORRE!!!

Y ambos echaron a correr en dirección contraria a la de sus perseguidores. El viento les azotaba inmisericordemente. Eleder acertó a atrapar un poco seguro paraguas que deambulaba por la zona, abandonado seguramente por algún turista del Harad que no había sabido cómo usarlo por falta de experiencia. Armado con él, continuó junto a Celebriel su carrera frenética hacia…

-Celebriel… arfs… por… cierto… ¿¿a dónde estamos yendo??

-¡A nuestra única esperanza! –gritó Celebriel, sin dejar de correr-. ¡Si la leyenda es cierta… si alcanzamos el Entil… si conseguimos manejarlo… ¡podremos escapar de aquí, y llegar en un instante al Valle Secreto, y allí volver a intentar encontrar al profesor!

-Ya… pero… -a Eleder le costaba obtener de sus pulmones el suficiente aliento como para hablar y jadear al mismo tiempo- …¿y si alguno de esos “si” resulta ser un “no”?

-En ese caso –respondió ella, sin mirar atrás- más que a ningún Valle… creo que a donde llegaremos instantáneamente será a unas Estancias. Así que ¡corre y calla!

Eleder aceptó su consejo. Los gritos se oían cada vez más cercanos, a pesar de que había aún un buen trecho entre sus perseguidores y ellos. El paraguas resultaba ser cada vez más inútil, pero nunca se sabía si no podría usarse en algún momento como arma arrojadiza… y así llegamos al momento con que comenzábamos esta historia: con el Doctor Eleder intentando protegerse con un débil paraguas de las acometidas de los elementos, mientras pensaba "Anar reina eternamente, sí... ¡ja!", y afanándose por conseguir hollar el Punto Medio, el Entil, la única esperanza que le quedaba para poder... y ahora ustedes ya se encuentran situados, ¿verdad? Podemos continuar, pues.

Como continuaban Eleder y Celebriel en una interminable ascensión por la pequeña colina hacia la bola que marcaba el Punto Medio Exacto de Arda… que cada vez estaba más cerca. Celebriel intentó dar instrucciones al Catedrático:

-Cuando… lleguemos allí… simplemente tócalo con una mano… piensa fuertemente en el lugar al que quieres dirigirte… y así sabremos si… Por aquí, ya casi estamos… ¡¡Ya!! ¡¡Rápido, Eleder, mira, está ahí mismo!! ¿Lo ves, esa cosa redonda justo delante de ti, rápido, intenta… ¡¡¡No, Eleder, malditancia, eso es una papelera!!! ¡¡La bola grande que está ahí delante!! ¡¡Rápido!!

Y Eleder, tras ese primer intento infructuoso, sacando fuerzas de flaqueza, consiguió situar finalmente la Bola, dando una última galopada se colocó frente a ella, extendió una mano, la tocó, se concentró…

…y una luz blanca le iluminó de pronto, mientras un horrísono ruido retumbaba a su alrededor. Y cuando hubo terminado, el Doctor Eleder estaba…

…exactamente en el mismo sitio que antes, sólo que ahora llovía más fuerte.

Celebriel le miraba angustiada. Llegó también a la gran bola, la tocó… pero el resultado fue el mismo (en lo tocante a traslaciones espaciales; otro relámpago habría sido demasiado).

-Bien… pues nada… ¿Vamos preparando nuestro saludo a Mand… ¡¡eh!! ¿¿Qué haces?? –gritó Eleder a Celebriel, que comenzó a tirarle de un brazo para obligarle a seguir corriendo.

-¡¡Sigue corriendo!! –ratificó- ¡Todavía tenemos una última posibilidad… ahora te lo explico… pero debemos escondernos! –Y mientras decía esto, encontró un pequeño parque, arrojó al Doctor bajo unos arbustos, y se precipitó ella también a su lado. Eleder la interrogó con la mirada (dado que era la única forma que tenía de interrogar mientras sus pulmones no se hubieran recuperado un poco), y ella suspiró, y, tomando aire, le explicó:

-La leyenda del Entil... bien, dicen que era cierta. Pero también… decían otra cosa… -y, resollando, continuó- Cuando un grupo de geógrafos gondorianos llegó aquí, en la Octava Edad, para marcar el punto exacto donde confluían todos los ejes de Arda, lo encontró, y…

-Ya… -confirmó Eleder- …y crearon este monumento a su alrededor, que…

-No… -cortó ella- Y descubrieron que el Verdadero Punto Medio Exacto estaba en una cantera, propiedad de un importante empresario del país. Por eso llegaron a un acuerdo con los propietarios, marcaron allí con una marquita roja pequeña el punto exacto, y luego decidieron que éste de aquí era el Verdadero Punto Aproximadamente Medio Más Conveniente Y Apropiado. De manera que…

Eleder resopló –De manera que tenemos que correr hacia esa cantera, y volver a probar suerte… Y si esta vez funciona, encontrar al Profesor y llevárnoslo... LLEVÁRMELO, si, ya lo he entendido!!! ¿Es eso? –Mientras tanto, los rufianes estaban ya inspeccionando toda la zona. Algunos de ellos intentaban incluso dar media vuelta a la Bola, sufriendo en el proceso un importante riesgo de aplastamiento, y atrayendo las iras de varios dependientes de tiendas de la zona, que, airados, se atrevieron a desafiar la tormenta para impedir ese sacrilegio para su economía.

Este altercado atrajo la atención de la mayoría de los asaltantes, lo que no pasó desapercibido para Eleder y Celebriel, que, reuniendo las definitivamente últimas fuerzas que aún quedaban en su flaqueza, dijeron en voz baja “A la de minë... a la de atta... ¡¡¡a la de neldë!!!”, y saltaron de su escondrijo, dirigiéndose a toda velocidad hacia la cantera de la que Celebriel había hablado.

Este movimiento despistó por un momento a los perseguidores, que, no obstante, reanudaron rápidamente su caza (excepto los que habían resultado noqueados por los dependientes).

Sin embargo, esta vez el terreno era mucho más conocido para Celebriel que para ellos, por lo que lograron mantener las distancias y no despeñarse mientras tanto. Lo que no fue tarea fácil: las piedras y tierra sueltas, unidas al efecto del agua torrencial que caía, al cansancio acumulado de Eleder, y a la obvia tensión del momento, hicieron que el Catedrático estuviera a punto de lograr su jubilación anticipada antes de lo previsto en varias ocasiones.

Sin embargo, esta vez la búsqueda dio sus frutos. -¡¡¡Mira, mira, Eleder, es ahí!!! –gritó Celebriel, señalando a un punto a unos centenares de metros.

En efecto: adornado por no despreciables cantidades de basura, entre rocas caídas de la cantera, y rodeado de un barrizal infame, Eleder vio un pequeño punto rojo, que aun así podía haberle pasado desapercibido, si no fuera por el hecho de que irradiaba una extraña luz. Dado que no es natural que los puntos rojos pintados en el suelo de las canteras sean focos irradiadores de luz alguna, esta vez parecía que lo habían conseguido: éste era el verdadero Entil, el Verdadero Punto Medio, que les transportaría a su destino final.

Celebriel, con largas zancadas, se arrodilló frente a él, lo tocó con una mano… y desapareció, como si nunca hubiera sido. "¡Nos vemos en el Valle, Eleditooooo…!" oyó Eleder finalmente.

Y era su turno. Colocó su mano sobre el Entil... pero, llegado a este punto, su mente se rebeló. ¡Ya era suficiente! ¡Desde que había llegado a ese maldito país no había hecho más que ser arrastrado de un lugar para otro, sin poder descansar, sin entender nada de lo que estaba pasando! Y si realmente esa cosa podía trasladarle instantáneamente al lugar de Arda que él quisiera… ¿No había hecho ya suficiente? Y en su mente se forjó una límpida imagen de Nueva Númenor… de su apartamento en la Avenida Armenelos… de la entrañable Cafetería de la Universidad… de su aula, siempre vacía de alumnos (porque tenía el buen cuidado de no acercarse nunca por ella cuando distinguía a alguno dentro)… Descansar por fin… Sí…

Pero… no. Tenía una Misión que cumplir.

Y, suspirando de nuevo –y no por última vez- colocó su mano en el _Entil_ y gritó:

-¡¡¡Al Valle Secreto!!!

(Continúa)

4 Comentarios:

Blogger Elessar dice...

Ya es mala suerte la mía que recien consigo matricularme tras cambio de expediente en un curso recien empezado y me encuentro con el profesor al otro lado del charco ^^U

En fins...Dr Eleder...pa cuando usted pueda...estas más que interesantes batallitas (como todas las de awelo cebolleta :P ) entrarán en el examen?


Elessar Telcontar, alumno recién llegado, tanteando el terreno que pisa ^^U

5:25 a. m.  
Anonymous Missy dice...

¿Papeleras esféricas?

12:56 p. m.  
Blogger Último Íbero dice...

¿El Doctor Eleder corriendo más de veinte pasos sin sufrir un colapso multiorgánico? Esto ha dejado de ser un relato realista y ha caído en la más abyecta fantasía de evasión.

¡Una vergüenza para la cátedra que representa!

Eso sí, la cosa está interesante.

Pr. Amandil

2:28 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Hola Eleder, a mi tambien me ha gustado tu relato, muy interesante.

Disol.

5:24 p. m.  

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