h Malinorne: septiembre 2004

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

septiembre 28, 2004

"Ahora bien..."

-"Ahora bien..."

La adusta expresión del Doctor Eleder presidía el aula desde una ajada tarima. Los ojos de los alumnos permanecían fijos en él, con expresiones que iban desde la incomprensión hasta la más absoluta desesperación. Un folio solitario sobre el pupitre de cada uno de los estudiantes y unas notas en la pizarra dejaban clara la terrible verdad.

-¡Doctor Eleder! Pero... -gritó Barazbund, un muchacho enano de un curioso cabello rojizo- ¿Está diciendo en serio que va a ponernos un examen a los quince días de clase? ¡No puede hacerlo! -terminó, angustiado.

Eleder se detuvo; sostuvo con su mirada la del estudiante, y replicó, tras unos segundos de tensión palpable:

-Señor Barazbund, digame: ¿ha oído hablar usted del concepto "evaluación continua"?

Barazbund tragó saliva. Los demás menearon la cabeza. Sí, iba en serio.

-La evaluación continua es un concepto muy tierramediático -continuó el Doctor-. Los Valar sometieron a una evaluación continua a todos los grupos de Elfos sobre Endor. Suspendieron cuando el campamento de Mithrim; cuando el error de Gwindor hizo fracasar la Nirnaeth; cuando Thingol desoyó a Melian reteniendo el Silmaril; en las bocas del Sirion... En cada una de ellas podía haber cambiado su destino final.

-Pero... ¡al final fueron salvados! -cortó Barazbund, en un último intento.

-Cierto. ¿Sabe que los estudiantes veteranos llaman a la convocatoria de gracia "Examen de la Ira"? Si lo prefiere, espere a que Ingwë venga a subirle la nota -Barazbund suspiró, derrotado, y se dispuso a copiar el enunciado-. Continúo. "Ahora bien, si sabemos que las construcciones quenya no marcadas marcan la persona sujeto como morfema del verbo, y que las formas con pronombre pleno son claramente enfáticas, ¿podemos suponer de aquí que la situación del verbo subordinado sintácticamente al foco implica una regla general que...?"

-No puede ser -susurró una estudiante a su compañero de fila-... Tengo los apuntes del año pasado, y el programa de la carrera, y estoy seguro de que todo esto no entraba en tercero de quenya ni de casualidad...

-Ya -le respondió, en tono igualmente bajo, su compañero-. Pero he oído que este año han aparecido nuevos descubrimientos sobre un montón de materias del élfico antiguo, en el número 15 de la revista Parma Eldalamberon, y que ha decidido terminar en tercero todo lo referente al quenya maduro para que haya tiempo para que demos todo lo referente a las versiones antiguas del qenya...

-Estoy empezando a odiar la filología -replicó ella, aún en susurros, mientras el resto de alumnos comenzaba a mesarse los cabellos y a mirar a los lados con desesperación-... ¿Crees que la matrícula para Olvar y Kelvar estará aún abierta?

-Me temo que tampoco -sonrió él-; el profesor Aulendil está desaparecido, y hablaban de dar de baja la carrera incluso...

-Oh, Balrogs -terminó ella, tras sentir el vuelo de una tiza a pocos centímetros de su oreja izquierda.

septiembre 23, 2004

Invitaciones

Harry Bolger atravesaba corriendo el campus de Arandor, a la salida del Edificio Maglor. Sus gritos podían oirse por toda la Universidad.

-¡Ja, ja, ja! ¡Envidiadme, mortales, envidiadme! ¡Me han INVITADO a una dirección de correo cordelero de GMail! ¡Ja, ja, ja! ¡Acercaos, podéis tocarme...! ¡He dicho que podéis tocarme!

Por fin, uno de sus pies tropezó con la rama de un árbol, y dio a caer cuan bajo era sobre un parterre cercano. Varios estudiantes fueron a intentar recuperar sus gafas que colgaban de una rama cual extraño _lomelindë_ de cristal; y a unos metros de ahí, el Doctor Eleder, sentado con un colega de la facultad y sosteniendo sendas latas de refresco, observó la escena con aire ausente y comentó:

-Hoy he ido a mirar a mi cajón; y curiosamente, las 3 invitaciones que me quedaban para las cuentas de correo cordelero de Google se han convertido en 9. Y hay carteles ofreciendo invitaciones en todos los tablones de anuncios de los pasillos; en las carteleras del Rectorado, y en El Diario Númenóreano.

Suspiró levemente, tomó otro sorbo de su orcocola y continuó:

-Ayer, en la cafetería de alumnos, oí el rumor de que el Señor Google estaba planeando sacar un navegador cordelero propio; lo llamaría "GBrowser", y pretendería atacar el monopolio del navegador de la Microft. -tomó otro sorbo, miró a su compañero y dijo- Uno de alumnos respondió: "Si lo reparten también por invitaciones, ME SUICIDO." -Y sonrió.

septiembre 21, 2004

Las sombras

Las sombras se ceñían inmisericordes sobre las figuras que, encapuchadas, susurraban ominosas en un oscuro rincón. Sus labios casi no se movían, y sus ojos refulgían como gotas de sangre bajo las capuchas de sus capas. El humo de sus pipas se confundía con las negras paredes, ocultándolos de cualquier mirada indiscreta.

-Ha llegado el momento. Hay que actuar.

-Sí; es el día y la hora fijada desde hace mucho tiempo.

-Vamos a cumplir con lo encargado, pese a quien pese.

-Eh... -se oyó una vez algo más aguda que las demás- Pero... ¿estáis seguros de que vamos a hacer lo correcto? ¿No creéis que... será algo demasiado cruel?

El resto de las figuras se volvió para mirarle (o al menos entreverle).

-Pero bueno -susurró con desprecio uno de ellos-, ¿y tú te dices un Nazgûl? Un sirviente del Oscuro arredrándose así...

-Desde luego... Un nazgûl de peluche, ¡eso es lo que pareces! ¡Ja, ja, ja!

-Je, je, je -respondió a la risa nerviosamente la primera voz, quedando después callado. Un breve silencio siguió.

-Vamos, pues. Tomad lo necesario.

La puerta se entreabrió, y las oscuras figuras salieron por ellas, agazapadas. La penumbra ya se había adueñado del campus, y pocas personas merodeaban aún por los jardines. Pocos profesores se habrían atrevido a pasear solos a esta hora. Y sólo un grupo de jóvenes y risueñas estudiantes se atrevía a desafiar la noche por esa zona de la Universidad. Caminaban desprevenidas, charlando con alegre inocencia de sencillas banalidades.

Ocultos tras un muro de arbustos, las oscuras figuras vieron cómo las estudiantes se acercaban. "Falta muy poco", susurró su líder. Uno de ellos, el que había manifestado sus dudas momentos antes, temblaba nervioso. Si hubiera podido hacer algo... si hubiera sido capaz de... Pero ya todas las vacilaciones eran inútiles.

Las chicas doblaron la última esquina. De un salto, con un grito que helaba la sangre, se avalanzaron sobre ellas. El horror se traslucía en sus caras. Fueron rodeadas; no podían escapar. Su líder se echó la capucha para atrás; volteó su capa; miró a una de ellas fijamente; esos segundos se hicieron eternos; y gritó:

-¡Uno, dos, tres, cuatro!

(Enlace a la música)

"Cuando veas por el este el sol brotar,
o contemples al oeste atardecer,
cuando puedas a una elfa susurrar
que es eterno como el mallorn tu querer,

cuando beses a tu elfa con pasión
bajo las palmeras en Arminaleth,
otra vez verás brotar esa emoción
por la isla del alma que te vio crecer.

Con bordados en ithildin
van las cintas de mi capa,
ondeando ante mi elfa
tan alegre y tan galana.

Por las cintas de mi capa
adûnaica y varonil,
un cumplido se me escapa, un cumplido se me escapa:
(plas, plas, plas)
¡NÚMENOR NOS MOLA MIL!

No me niegues, elfa mía, tu querer
como le negó Galadriel a Feanor;
yo por ti todos mis libros quemaré
y hundiré en el mar de nuevo a Númenor.

Pero si conmigo vienes a estudiar
de los cielos las estrellas, te diré
con fervor que si en Delagua vi la luz
es en Númenóre que me enamoré.

Con bordados en ithildin
van las cintas de mi capa,
ondeando ante mi elfa
tan alegre y tan galana.

Por las cintas de mi capa
adûnaica y varonil,
un cumplido se me escapa, un cumplido se me escapa:
(plas, plas, plas)
¡NÚMENOR NOS MOLA MIL!"


Y en la fila de atrás, sosteniendo nerviosamente su bandurria, podía verse la cara de Nazgui, sin atreverse a mirar a las aterrorizadas chicas, y musitando para sí: "Eru, ¿cómo pude meterme yo en esto...?"

¿Alguien no conoce a la Tuna Númenóreana?

septiembre 09, 2004

Regalos del Señor Google

-Doctor Eleder...
-¿¿Sí?? -La voz del Doctor se oyó, cual lamento de elfo en las cavernas de Thangorodrim, de su despacho privado.

Eleder llevaba varios días encerrado en su despacho, saliendo sólo para dar las clases. Algunos lo creían víctima del síndrome post-vacacional (aunque, los que sabían algo de sus vacaciones, pensaban que era más fácil que sufriera síndrome "vacacional" a secas). Pero no había nada de eso. Simplemente, al reincorporarse a sus clases, había descubierto con horror el absoluto caos en que se encontraba toda su documentación. No era capaz de encontrar ningún tomo de su Quettaparma; de la Historia de la Tierra Media sólo habían aparecido los números primos; ni tan siquiera localizó su vieja edición de El Señor de los Anillos, y había tenido que hacer varias consultas en la Edición de Lujo Encuadernada en Piel de Olifante Con Incrustaciones de Ithildin e Ilustrada por John Howe. De manera que había decidido ordenar el despacho. Tres días después, no estaba seguro de que hubiera sido una buena idea.

-Doctor... al teléfono... es para usted -le respondía Nob, el semihobbit que ejercía temporalmente de secretario para el Doctor.

Se escuchó el claro y reconocible sonido de un grupo de libros cayendo al suelo, seguido de un grito de dolor y una maldición que contenía un buen número de nombres de maiar de Morgoth. -Auch... ¿y quién recontrabalrogs llama? -inquirió Eleder.

-Es... es el señor Google, Doctor -respondió Nob.

A esto siguió un asombrado silencio. "¿El sr. Google llamándome?", pensó Eleder. "Esto no suele suceder así... ¡suele ser uno el que le llama a él!"

En efecto, el sr. Google era uno de los ayudantes externos más útiles de que disponía la Universidad. Gracias al convenio suscrito con la UAN, con una simple llamada de teléfono, cualquier profesor podía consultarle sobre lo que se le ocurriera; su enciclopédico conocimiento era asombroso. Tras una larga relación telefónica, Eleder y el sr. Google habían llegado a apreciarse mutuamente. Pero esto que había ocurrido parecía ir contra las leyes de la lógica... ¡El sr. Google NUNCA llamaba personalmente a alguien! Debía haber ocurrido algo grave.

Así que Eleder descolgó el auricular, y dijo tímidamente: -¿Sí?

-¿Doctor Eleder? -se oyó decir a la neutra pero a la vez curiosamente amistosa voz de Google.
-Sí... soy yo. ¿Señor Google?
-¡Qué alegría oirle, Doc! -respondió Google- ¿Ya ha vuelto de sus vacaciones, verdad?
-Sí, he vuelto ya -contestó Eleder-. Permítame, señor Google, ¿a qué se debe su llamada? Reconozco que estoy sorprendido.
¿No será -dijo, tímida pero ilusionadamente- que tiene alguna duda de quenya que no puede resolver usted mismo?
-¡Oh! No, no, en absoluto -repuso Google-. Nunca tengo problemas de ese estilo; desde que tengo indexados TolkLang, Elfling, Ardalambion, Gwaith, ELF, ELM y los cursos de Lambenor, Lambelion y alguno más, no tengo nunca problemas de ese tipo -la expresión de desencanto de Eleder no se transmitió por teléfono, afortunadamente-. No... en realidad, le llamaba para hacerle un regalo.
-¿Un regalo? -ahora Eleder sí que estaba genuinamente sorprendido.
-Un regalo, sí, Doctor. ¿No siente usted la necesidad de una verdadera, genuina y útil Cuenta de Correo Cordelero de Alta Capacidad?
-¿Perdón? -respondió Eleder.
-¿No siente usted cada día el inconveniente de tener que borrar sus correos cordeleros, sus archivos adjuntos o sus conversaciones pasadas, por falta de espacio en su buzón?
-Pues... no -respondió Eleder, sin entender mucho.
-¿No se siente cohibido cuando intenta acceder a su correo desde un tapiz web? ¿No maldice y se queja amargamente por la poca ordenación de sus mensajes? ¿No ha sentido mil veces la necesidad de un Correo Web de Calidad?
-Eh... no, la verdad es que no.
-¡¡Pues eso mismo es lo que... no? -contestó, asombrado, Google- Eh... ¿Está usted seguro?
-Pues... sí, la verdad -dijo Eleder-. Yo sólo uso cuentas pop3, para lo poco que necesito de web ya tengo Yahoobbit, y nunca he sentido la necesidad de nada más.
El sr. Google calló por un momento, como si no estuviera acostumbrado a que esa parte de la conversación discurriera así. -Pues... ¡No importa! Sepa, Doctor Eleder, que le voy a regalar algo que cambiará su vida y la de sus parientes y amigos más próximos... Un paquete de INVITACIONES para obtener su propia y personal CUENTA DE CORREO GMAIL!
Así podrá ofrecer a sus amigos entrar en el fascinante mundo del Correo Google, huir de la necesidad de borrar los correos antiguos, no preocuparse del espacio de los attachments, y, sobre todo, ser Unirse al Mundo de Google con una fascinante cuenta GMail! En estos momentos estarán llegando a su puerta.

Se oyó un "Ding!"; Nob fue a abrir, y, en efecto, un simpático mensajero, con la letra G en su camiseta, dejaba un paquetito a Nob y se escabullía velozmente por el pasillo.

-Esto es todo, Doc. Espero que lo aprecies debidamente. ¡Eres uno de los Privilegiados! Ahora te dejo... ¡tengo más regalos que hacer!
-Eh... adios -y Eleder oyó cómo se cortaba la comunicación. Se levantó, fue al antedespacho ocupado por Nob, y observó el paquete... ¿Y para qué querría esto? Bueno, quizás alguno de sus alumnos le sacara alguna utilidad...

De manera que dijo -Nob, manda una circular. Si alguien está interesado en recibir una de estas -miró al paquete- "Invitaciones para obtener una cuenta de correo GMail, de un Giga de capacidad", que deje su dirección cordelera en los comentarios...

Y mientras emprendía de nuevo su ordenatoria tarea, no pudo dejar de pensar: "La verdad... me ha sorprendido mucho el tono. El Sr. Google que yo conocía no era así; hacía su trabajo y nada más..." Y volvió a sumergirse entre enciclopedias, glosarios y latas de orcocola vacías.

septiembre 07, 2004

Tengwar en Realidad

-Eso es todo por hoy. Hubo cierto filósofo que dijo _minya lá antaina, telda lehtaina_, que quiere decir "la primera no se da, y la última se dispensa". Desde entonces, las Universidades de toda la Tierra Media tienen la costumbre de no adelantar materia académica en la primera y última clase -"pues N'Dye no ha debido oir a ese filósofo... el primer día ya te mete todos los ríos del Harad", se oyó por una de las últimas filas-. De manera que así acabamos nuestra primera clase. A no ser, claro, que alguien tenga alguna pregunta -y sonrió, irónico, disponiéndose ya a recoger sus papeles.

-¡Profesor!

El sonido surgió, claro y prístino cual trompeta Vanya en la Guerra de la Ira, de la primera fila. Todos los alumnos se quedaron petrificados; jamás, en toda la historia conocida de las clases del Doctor Eleder en la UAN, algún alumno había osado alargar un minuto más el tiempo académico aceptando esa invitación ritual y meramente protocolaria. Eleder lo miró, entre consternado y atónito. Se trataba de Harry Bolger, un nuevo estudiante, de gafas redondas y mirada perdida. "Un empollón más", había pensado Eleder al verle; ahora temía haberse equivocado.

-Eh... ¿Sí, señor Bolger? -logró balbucir Eleder.

-Profesor, me gustaría preguntarle una cosa, si no es molestia, profesor. Estoy muy interesado en las tengwar, señor, es una escritura que me encanta, de hecho me he apuntado a un par de cursos particulares sobre ortografía y caligrafía, ¿sabe?, quiero mejorar mi estilo, mi padre me ha comprado una pluma de cisne modelo "Tom Bombadil", ya he hecho mis primeros pinitos, he transcrito la primera página del Valaquenta, que es un libro que me encanta, me gusta mucho la literatura clásica, es una gran fuente de sabiduría, ¿no es cierto? -dijo Bolger, sin pararse a respirar siquiera.

-Estoy seguro, señor Bolger, de que sus compañeros estarán encantados de escuchar sus opiniones sobre el Valaquenta durante parte de su tiempo libre -dijo Eleder, entrecerrando los ojos mientras miraba al alumno-. ¿Cuál es su pregunta? -terminó.

-¡Oh! Pues mire, señor profesor, yo, el otro día, estaba hablando con una chica que es hija del primo del cuñado de uno de los directivos más importantes de la Universidad, y claro, ya se sabe, con las chicas no se puede hablar de estas cosas, tengwar y escrituras y cosas así, su mente no está preparada para eso, sino para otras cosas, usted ya me entiende, jiji -dijo Bolger, con una risita cómplice, mientras Eleder escuchaba respirando hondo y pensando "más que un empollón más se va a convertir en un empollón menos, como le pille alguna que yo me sé..."- Por eso, señor, profesor, vea usted, me decía ella que eso de las tengwar era una tontería, que a ver para qué servía, que habiendo máquinas cordeleras e imprentas y de todo, escribir tengwar no servía más que para perder el tiempo, yo le dije que estaba totalmente equivocada, y que hoy tenía mi primera clase con el fantástico Doctor Eleder y que él explicaría y ya se enteraría ella, ¿verdad, señor?

Eleder suspiró; no deseaba prolongar la agonía de los alumnos, alguno de los cuales parecía buscar el botón de eyección de asientos que varias aulas tenían instaladas por sugerencia de Balsadera. Pero el tema le había tocado un poco su amor propio. De manera que se enderezó, y, con voz tronante, dijo:

-¿Eso es lo que dice su amiga, señor Bolger? ¿Que las Tengwar, depósito milenario e incluso Edadario de Sabiduría, Tradición y Literatura, ya no se usan para nada, son un simple artificio destinado a contentar las nostálgicas mentes de los clásicos o las inquietas manos de los ociosos? ¿Que en la Vida Real, en nuestros Hobbiton y Cavada particulares, es imposible ver un ejemplo de Tengwar utilizado para nada? ¡Voy a demostrarle cuán equivocada está! -Y, de un salto, se plantó ante la pizarra y escribió la dirección cordelera http://gildor.freepage.gr/tolkien/realteng/ . -¡Vea, vea ese tapiz cordelero! ¡Compruebe por usted mismo la asombrosa vitalidad de las Tengwar en nuestra vida real de la Novena Edad! Conozca a Stephen y July Pfeifer, y la historia de su anillo de bodas élfico, o el precioso y algo cabalístico anillo de amor de Ilutir y Luinwen; o el anillo de amistad de Andy Williams, o incluso el anillo de la fortuna que tan buena suerte dio a Merhael, que lo creó para "extender la antigua sabiduría de los elfos" (bueno, y para que sirviera como tema de conversación).

-¡Pero eso no es todo! -gritó el profesor, saltando de la tarima y comenzando a andar a grandes zancadas entre unos asustados alumnos, sobre todo los que aún no conocían los momentos de _berseker educativo_ del Doctor- ¿Cuánta gente se ha realizado tatuajes con inscripciones en Tengwar? Linda Milvi, Susanne (que se tatuó la versión quenya del célebre dicho de Gandalf, "todo lo que podemos hacer es decidir qué hacemos con el tiempo que se nos ha dado"), Mali Minch o tantos otros? ¿Acaso ellos no existen? O yendo a cosas aún más sublimes y bellas, ¿es que Boris Shapiro no envió a sus amigos una invitación a su boda redactada en tengwar? ¿O no hicieron lo mismo Joanna y Damian Gucza? ¿O, en un tono algo más prosaico pero igualmente elegante, no es un ejemplo a imitar la decoración élfica de la mesa de Kerry Maffeo? ¡Díganmelo!

Los alumnos se aferraban a sus mesas, atemorizados, y observaban al Doctor con asombro. Harry Bolger parpadeaba, como no esperando ese estallido de furia que había provocado. Por fin, Eleder bajó los brazos y sentenció:

-Sí, señores, sí. Los tengwar son muy útiles, hoy en día. Y crearse un anillo o tatuaje con ellos no es algo complejo, ni un lujo reservado a los eruditos. Basta leer esta guía para estar al tanto de las complicaciones que tiene esta decisión. Y una vez lo has conseguido, contactar de nuevo con Tengwar En Realidad para hacer partícipe a toda Arda de tu obra. Eso puede usted decirle a su amiga, señor Bolger -Eleder pareció volver a la realidad por fin-. Y dígale que aún hay sitio en esos cursos particulares. A ver si así entiende mejor el valor de las cosas. Adiós a todos -y, con un gesto de la mano, movió a los alumnos a levantarse y abandonar la clase con rapidez, pero en un aún tembloroso silencio.

"Ay... tanta gente que sigue pensando que lo élfico está pasado de moda... o peor aún, que está demasiado de moda", pensó, una vez el último alumno hubo abandonado el aula mirando atrás con temor. "Habría que hacer algo, sí... para promover estas artes. O acabarán siendo olvidadas, oscurecidas y vilipendiadas. Y la Humanidad no se merece perder algo así. Por no hablar de la Elfidad." Y las cejas del Doctor se fruncieron... quizás...

Dígaselo con tengwar

Tengwar in Reality, por Gildor.

septiembre 06, 2004

El Doctor Eleder de Vacaciones: Visita a Eregion

Mi visita a Eregion -contaba el Dr. Eleder, a la vuelta de las vacaciones, a un grupo de profesores reunidos en la cafetería de profesores de la Universidad- comenzó de manera un tanto accidentada. Iba con la profesora Gil-Galen, la conocen, y la señorita Herissë, una casi-alumna de... ah, la conocen también... ¿Una fiesta, dicen? No me hablen, no me hablen... Bueno, ya les contaré. La cosa es que habíamos decidido renunciar al mûmak. Estábamos hartos de mûmak; habíamos acumulado más horas de viaje en mûmak que hojas hay en el Bosque Negro. Así que fuimos en tren. No, hombre, al continente fuimos en dirigible, claro. Pero luego tomamos el tren, y... ¿De qué asombran? El tren es un tradicional y genuino medio de transporte de la Tierra Media. Aparece ya en las fuentes clásicas; ¿o no recuerdan la referencia de El Señor de los Anillos de fuegos artificiales de dragones que se alejaban "como un tren expreso"? Así que fuimos en tren. Mucho más cómodo, agradable y, para este trayecto, incluso barato que el mûmak. Y allá comenzó el viaje.

Una hora después, se nos anunciaba que había habido algún problema en la vía; no sabemos si era una manifestación de orcos que exigían mejores condiciones de trabajo, si habían encontrado una grieta en la nueva vía férrea Minas Tirith-Dorwinion, o si se les había acabado la leña. El caso es que tuvimos que abandonar el tren, y tomar la última etapa de nuestro viaje... en mûmak, lo han adivinado. En momentos así uno se acuerda del Plan de Eru.

Bueno, bueno. En todo caso, llegamos a Eregion. Es un lugar muy peculiar. Rodeado por varias murallas, saben... no, bueno, de su gloriosa etapa en la Segunda Edad ya no queda casi nada. Pero por otra parte, esa época está más viva que nunca.

Hoy en día vive del turismo, y del comercio de Espadas. Pero no Espadas cualesquiera, claro. La Genuina Copia de la Espada Andúril, por 100 númenóres. Una Auténtica Réplica de Glamdring, 80 númenóres. La Daga Aguijón, 30 númenóres, y diez de descuento si adquiere además la Espada Corta Dardo (ya, ya sé que Aguijón y Dardo son la misma. Hay que estar loco para comprar dos ejemplares de una misma daga. Pero hay gente para todo. No, mejor no pregunten más. Gracias).

En resumen, Espadas Clásicas de la Antigüedad por todas partes. Había más tiendas de espadas que tabernas. Y no sólo espadas, claro. Simpáticas Miniaturas de Celebrimbor que Mueve el Martillo cuando Accionas el Pulsador. Elessaritos de colgante. Annatares de Mazapán!! Alabados sean Manwë, Varda, Aulë, Yavanna y todos los Valar del Mahanaxar; ¿¿cómo puede alguien comerse un Annatar de mazapán?? Pues se venden. Tortas de hojaldre con las runas del Anillo, placas de "Galadriel y Celeborn Durmieron Aquí una Noche de Verano" (y de "Celebrimbor Espió Aquí a Galadriel Mientras Dormía" en el piso de arriba, por cierto)... Sólo faltaba un Pastel de Balrog. Y al tiempo.

No, no compré nada. ¿Por quién me ha tomado, señor Nob? El sueldo de la UAN no me permite dispendios. Y además, todo era absurdo. Seguro que la mitad de la leyenda de Eregion era inventada. ¿Cómo? ¿No conocen el clásico artículo de Von Hiertzensburg sobre las inconsistencias y fallas del relato de la Forja de los Anillos? Algún día se lo paso. El caso es que no compré nada. Nos tomamos unas orcocolas en una terracita, eso sí. Y comimos bien, eso es cierto. No, no hubo mazapán en el postre. A veces su humor me recuerda al de nuestro querido Cambragol, señor Nob. En fin.

Bueno, algún día habrá que volver. A ver si ya han traído la daga haradrim que... ehm, quiero decir, por el cordero y las chuletas, claro; y la vista de las murallas, impresionante. Y también el río. Y el Castillo. Pero la verdad es que por 20 númenóres, es una oferta realmente impresionante. ¡Que aprendan los feanoreanos!