h Malinorne: mayo 2005

Malinorne

Bloc cordelero del Dr Eleder, profesor de la Universidad Autónoma de Númenor: UAN

mayo 29, 2005

Y hablando de canciones...

El señor Luiyo nos pregunta ciertas cosas sobre música. Igual que hizo Gil Galen en una pregunta parecida sobre libros, pasaré el testigo al personaje con el que juego en Saga Realidad. Bien, veamos:

Tamaño total de los archivos de música de mi máquina cordelera: Un giga, más o menos. Pero no oigo demasiada música últimamente, la verdad.

Último disco que me compré: Seguramente "Maren", de Kepa Junkera

Canción que estoy escuchando ahora: El Larguero :P Pero en mi máquina tengo Flogging Molly, una especie de Pogues modernos.

5 canciones que escucho un montón o que tienen algun significado para mí: Difícil... Las cinco primeras que se me ocurren:

  • Euskal Herrian Euskaraz, de Oskorri

  • Lau Teilatu, de Itoiz

  • Lágrima, de Dulce Pontes

  • Volver a los diecisiete, de Mercedes Sosa

  • Moonlight Shadow, de Mike Oldfield



Pero podría haber mil...

___

Paso el testigo a la propia Gil Galen, a Azelaïs, a Astarco, a Eleniel y a Kalruth.

Y disculpas por esta intrusión de la Saga Realidad; el próximo domingo volveremos.

mayo 21, 2005

Canción Popular

(Enlace a la música)

Estaba el doctor Eleder
sentadito en su despacho

Ha recibido una carta
le llaman del Rectorado

Ha de dar particulares
a un alumno fëanoriano

que no quiere aprender quenya
ni siquiera regalado

"Aiya", le dice el Doctor
"passa tron", dice el muchacho

"Ahora te vas a enterar..."
Y una cosa le ha enseñado

Un hobbit de pelo en pies
recitando fuerte y claro

"Valar valuvar, meldonyar!
Sina quentë Fëanáro!
"

* * * *

Ya ha aprendido quenya el fëa
de vergüenza que le ha dado

Y es que ya sabe de quenya
más que un noldo hasta un mediano

mayo 16, 2005

El Vanya (y II)

El despacho del Doctor Eleder, que tantas conversaciones había presenciado entre el catedrático y alumnos suyos (habitualmente aderezadas con lloros, llantos, ruegos e intentos de soborno), hoy era testigo de una escena algo insólita. Varios jóvenes habían tomado la nueva alfombra, los brazos de los lujosos sillones e incluso los pies de las lámparas, para informar a Eleder de lo que había ocurrido desde que ese alumno, "Indoor i-Vanya", apareciera en la Universidad.

-¡¡Un día!! ¡Sólo lleva un día, Doc! ¡Y nos va a volver locos! ¿Comprende? -explicaba, con la cara desencajada y moviendo las manos convulsivamente, una joven alumna.
-No se trata de lo que sepa, Doc... -terciaba otro- Se trata de cómo dice las cosas que dice... como si fuera un Vanya de los de antes, de los de verdad, de los de la Batalla de la Ira... y ese acento que tiene...
-Pues sí -continuaba uno más-, porque yo tengo un amigo Vanya, estudia Económicas, y sí, es un poco redicho, pero desde luego, ese acento no lo tiene...
-Señores... señoritas... calma, por favor -Eleder alzó los brazos-. Está claro que este muchacho, por alguna razón, ha decidido adoptar una personalidad lo más "Vanyarinesca" que ha podido, aprovechando para ello lo que ha podido aprender en los libros... Hoy en día, en efecto, nadie habla ya así; ni tan siquiera quedan ya Vanyar puros, en esta Novena Edad en la que estamos. Lo que ocurre es que...
-¡¡Lo voy a mataar!! -estalló de pronto la primera alumna, en un arrebato de paroxismo- ¿Sabéis lo que me dijo? ¿LO SABÉIS? "¿Te gustan mis pantalondës? ¿A qué son tan vanyë como yo?" Yo le miré y le dije "oh, mira, hasta son de marca... Yves Saint-Lórien, ¿no?" "Perdona, querida... Yves Saint-Lóriendë, si no te importa..." ¡Querida! ¡Me llamó QUERIDA! ¡Lo voy a....!
-Bah... si seguro que los ha comprado en Zara-gamba... -replicó un compañero, acercándose a tomar la mano a la chica para calmarla.
-Y por cierto -terció otro, mientras la chica apartaba de un fuerte empujón al recién hablante-, ¿y ese nombre estrafalario, "Indoor", ¿de dónde lo ha sacado?
-Pues... -le dijo una joven alumna- Creo que dijo que era un antiguo y arcaico nombre quenya, que quería decir "Maestro, Señor"...
Eleder enarcó las cejas -No, no; el nombre es "Indor", sin la "o" larga. Y no es que sea "arcaico o antiguo"; ¡es que es obsoleto! ¡Quedó obsoleto cuando en quenya apareció la raíz de...!
-Bueno, Doc -respondió uno, con una triste sonrisa-; te aseguro que no voy a ser yo quien vaya a decírselo... No podemos con él. Si sigue de verdad en la Universidad... no sé lo que puede llegar a pasar.
Eleder, por fin, se levantó. Alzó un dedo, señaló a los estudiantes, y les dijo:
-Bien... como dijo cierto importante personaje en cierta ocasión... "No es posible soportarlo". Os diré lo que vamos a hacer...

* * * * * * * * *

Indoor I-Vanya caminaba, feliz, por el campus. Se sentía el centro de la atención; y no se puede decir que se equivocara: por todas las esquinas se veían rostros de horror, miradas desencajadas o puños amenazantes al aire. Él sonreía; sabía que la influencia de sus padres, y, sobre todo, el impresionante obsequio que había depositado en la Biblioteca, lo protegían. Y pensaba disfrutar de su Vanyaridad, sí; ¡iban a aprender lo que era un verdadero Hijo de Ingwë!

Y mientras se reía por lo bajo, de pronto oyó una voz proviniente del otro lado del pasillo:
-¡Buenas tardes, señor Indyoor! ¿Sigue usted por aquí?
Indoor parpadeó. -Oh, estimado doctor Elend... -se detuvo de pronto- ¿Cómo me ha llamado?
-Bueno, desde luego, le he llamado Indyoor -contestó Eleder muy amablemente-. Es así como se llama, ¿no?
-Ehm... -Indoor pareció dudar- Bueno, la verdad es que...
-Indyoor, con esa elegante y aristocrática dental anterior a la palatal, tan bien conservada por ustedes, los Vandyar... ¡Oh! ¡De veras que nos honra con su presencia!
-Eh... gracias -Indoor no las tenía todas consigo, pero no podía menos de agradecer esas muestras de reconocimiento, tan merecidas, por otra parte.
-Por otra parte -continuó Eleder-, ¿sabe? He pensado que, pese a ser un simple silvano y no merecerlo... ¡voy a hablar en quendya vandyarin yo también!
-¿Usted? -gritó Indoor, horrorizado.
-Ustendë, sendyor Indyoor, ustendë -respondió el Doctor, con mucha tranquilidad-. Por supuesto, no debezé olbidar algunos fenómenos importantes del vandyarin, como...
-Eh... pero...
-"Pezo", sendyor Indyoor, "pezo" -repuso Eleder, sonriendo-. Recuerde que el vandyarin evita ese vulgar rotacismo del quenya de los... ¿cómo los llamó? De los tristes Exiliados, sí. Y mantiene la elegante y señorial -z-, como una preciosa sibilante sonoza, en vez de la -r-... Y el mantenimiento de lb, claro, que sabemos que no todos los cambios ocurren en los albeolos...

Indoor, a estas alturas, había comenzado a mirar a su alrededor, buscando una forma de huida. Pero, curiosamente, todas las puertas que permitían la salida del campus estaban ocupadas por perezosos alumnos y alumnas sin muchas ganas de moverse de ellas.

-Aunque, en realidandë, he de mejorar mucho mi werbo, claro; ¡había olbidado que el wandyarin se wanagloria de mantener wiwo el altiwo y elewado sonido de la -w-, que esos wulgares noldor perwirtieron... ¡Oh, ño, perdóñ, quise decir Ñoldor!

-¡Déjeme! ¡Váyase! ¡Fuera! -Indoor gritaba ahora, incapaz de escapar de la continuada voz del Doctor Eleder- ¡¡Déjeme en paz!!

-Es ustendë muy modesto... ¡Oh! ¡Y je recordado ajora mismo que el wandyarin, perdóñ, wañdyariñ, perdóñ de ñuewo, wañdyaziñ, mañtieñe el soñido -j- doñde los ñoldor lo coñwirtiezoñ eñ uña ñecia -h-! ¡Pezo ya ja llegado la joza de dewolwer a esta leñgua su jonor y su...!

-¡SE LO VOY A DECIR A MIS PADRES! -gritaba Indoor, llorando, y apretando los puños contra Eleder.

-¿Thí? ¿The lo wa a dethir? ¿Juthto ajoza que je recordado el mañteñimieñto de -th- doñde loth ñoldor jiciezoñ uña plebeya -s-? -Eleder le miraba ahora fijamente- Pueth, thi wath a decirthelo, recuerda decirleth tambieñ que la Uñiwersidandë Autónoma de Ñúmeñor ño acepta ñi chantajeth, ñi thoborñoth, ñi ñiñgúñ tipo de ridículath prethioñeth! ¡Wete ya! -y, como por una señal, unos alumnos se apartaron discretamente de una puerta, precisamente la que llevaba al vestíbulo de la Universidad- ¡WETE YA Y ÑO WUELWATH! -E Indoor, sollozando sin poder contenerse, abandonó la Universidad para nunca más volver. Todos los alumnos que, a estas alturas, abarrotaban ya el claustro, prorrumpieron en un estruendoso aplauso y vítores de alegría.

-Buf... Al final fue más fácil de lo que pensaba -dijo el Catedrático, pese a que su frente desmentía tales palabras, perlada como estaba por unas gotas de sudor-. Al principio pensaba que éste iba a ser un nuevo Cambragol... pero ha sido una falsa alarma -y suspiró.
-Bien, Doc... ¡lo consiguió de nuevo! -le dijo uno de los alumnos, mientras le felicitaba. Y sin embargo... -y le miró con temor- ¿Y ahora... qué va a pasar con esa importantísima copia del Aldudénië? Sus padres la requerirán de vuelta, ¿no? ¿Y no habrá perdido la Universidad una gran ocasión?
-Je -farfulló Eleder, mirando ceñudo al alumno-. Así hubiera sido... pero da la casualidad de que he estado hablando con Adanost hace sólo una hora. Esa "copia perdida del famoso Aldudénië"... ¡No era más que la edición para coleccionistas del CD del Lamento de Yavanna, cantada por Endor Lindë! -y apretó los dientes.
-Bueno -continuó, echando a andar-; esto hay que celebrarlo: ¡una ronda para todos en la cafetería! -y todos los alumnos volvieron a estallar en gritos de alegría- Para todos los que no tengan exámenes, claro. No quiero promover la distracción en un momento tan crucial para vosotros -y las caras alegres se convirtieron en rostros ceñudos por todo el campus, mientras Eleder se escabullía por una puerta lateral, canturreando "era de plata mi Telpeeeriooon...".

Se había disipado una nueva amenaza. Pero... palabras ominosas se habían pronunciado. Y una de ellas revoloteaba por el Campus... y pronto podría volver a tomar forma.

El Vanya

-Buenos días. ¿Es aquí la UANdë?

Eleder detuvo su mano, y la taza que sostenía, a mitad de camino entre la mesa y sus labios. ¿Había oído bien? Por un momento dudó si le convenía más culminar el movimiento bebiendo un sorbo de su café, o mejor abortarlo a tiempo y depositar la taza de nuevo en la mesa de la cafetería.

-Le he preguntado, doctor Elender -insistió la voz, esta vez con un claro rentintín- si ésta es la Universidad Autónoma de Númenordë.

Eleder decidió beber; si esto era un sueño, quizás consiguiera despertarse. Tras el sorbo, pudo mirar de reojo hacia el origen de la voz: era un apuesto y elegante muchacho, que portaba en una mano un libro lujosamente encuadernado, mientras la otra mano descansaba en un bolsillo de sus pantalones de Yves Saint-Lórien. El recién llegado enarcó ligeramente una ceja al observar a Eleder mirarle por encima de la taza.

Por fin, el Doctor carraspeó, dejó el café en la tambaleante mesa, y dijo:

-Ejem, éste... ¿Con quién tengo el honor, caballero? -y enarcó visiblemente las dos cejas; no iba a dejar que un jovencito le intimidara.

-Mi nombre, estimado Catedrático, es Indoor i-Vanya. Vengo a comenzar a disfrutar de las amables clases que se imparten en esta su Facultandë de Quendya, tal y como me ha sido encomendado por mis amados progenitores. Y me alegra coincidir tan pronto con tan ilustre persona. Mis respetos, sendyor Elender -e hizo una reverencia.

Eleder, a estas alturas, no sabía si tomarse el café entero de un sorbo, tirarlo al suelo y salir despavorido, o arrojárselo en la cabeza al sujeto que tenía delante. Decidió optar nuevamente por la opción del carraspeo, indudablemente más diplomática, y afrontó el reto que se le presentaba de forma directa:

-Encantado de conocerle, señor... "Indoor" -le dijo-. Y ahora, si me permite, ¿me puede decir por qué habla de una manera tan estrafalaria? -y le miró con su rígida mirada Elederiana, que a tantos Hithluminati había paralizado.

El alumno sonrió. Eleder no se esperaba esto. -Mi forma de hablar, estimado Catedrático, debería ser bien conocida por usted -respondió-; pues no se trata más que del Verdadero Quendya, la Lengua de los Elfos que Saben Hablar, como era declamada antes de que los Exiliados la empobrecieran, turbaran y despojaran de su atractivo. Estos mi habla y acento, Doctor, no son más que muestras del genuino ¡Quendya Vanyarin!

Eleder parpadeó -Per... est... ¿Quenya Vanyarin? -balbuceó, aún aturdido.

-¡Pero claro, mi Buen Doctor! ¿Olvida usted tan pronto los fundamentos clásicos de su propia materia? -Indoor abrió el libro que llevaba con él, y Eleder pudo ver dos hermosos Árboles grabados en oro y plata, de los que parecía caer una lágrima- Como usted sabe bien, hasta que esta lengua se degradó en el Exilio de los Ñoldor, la -d- interna de "quenya" se mantenía en la voz quendya; el bello sonido Ñoldo no se confundía con la tosca Númen; las vocales finales no desaparecían: "piedra" se decía sardë y no "sár", "ojo", hendë y no "hen"; y...

-Bien, bien -cortó Eleder-, pero ¿y a qué viene lo de "Númenordë"? ¡Númenor viene de Númenórë, y no de... ¿eh? ¿Qué es ese libro? -Eleder, por fin, se fijó en el libro que el estudiante llevaba consigo.

-Me alegra, querido doctor Elender, que se haya fijado... ¡Sí, en efecto, se trata de una Única Copia del libro que parecía perdido, aquél del que sólo se oía hablar en murmullos...! ¡Es un ejemplar totalmente original del Aldudénië, el Lamento de los Dos Árboles, escrito por el mayor de los bardos, Elemmírë de los Vanyar! Con sus tapas en ezella, ulban y tulca... -Indoor miró a Eleder, suspiró y explicó: -"verde", "azul" y "amarillo", estimado doctor; pues, como le decía...

Eleder, a estas alturas, ya no sabía qué hacer. ¿De veras un ejemplar del Aldudénië? Había escuchado, sí, rumores sobre él; pero hasta ahora habría apostado que su existencia era tan mítica como la del famoso Necrohobbitón, ese libro maléfico supuestamente encuadernado en piel de mediano...

-Y, ejem -musitó Eleder cautelosamente-... ¿A qué se debe que tenga usted, señor Indoor, un libro tal?

-Es un pequeño obsequio, nada más; una mera nimiedandë, que mis ancestros y progenitores quieren donar a la Parmamardë de la Universidandë como humilde muestra de reconocimiento a mi paso por ella. Si me indica, estimado Elender, dónde puedo encontrar al ilustre Adanostë Parmantúrë...

Eleder, ya sin fuerzas, no pudo más que señalarle la dirección de la Biblioteca. Y cuando Indoor se dio la vuelta y comenzó a alejarse, Eleder le agarró de pronto de un brazo y le espetó:

-¡¡Espera!! Antes de irte... ¿Se puede saber a qué viene que me hayas estado llamando "Elender" durante todo este rato? ¡Sabes perfectamente que mi nombre es Eleder! ¡Eleder! ¡E-LE-DER! -algunos de los alumnos de las mesas de al lado comenzaron a mirar, asustados, hacia el Catedrático.

E Indoor, después de alisarse unas imaginarias arrugas de su manga, sonrió de nuevo al doctor y respondió:

-Oh, bueno... usted sabe muy bien que en Quenya Clásico, que es la lengua que usted imparte, no puede existir una -d- sola entre vocales... debe ir acompañada por otra consonante. Y me apenaba que, siendo usted quien es, continuara pronunciando su nombre con una falta de ortografía tal... Pero no se preocupe, puede tomar esto como un sincero homenaje -y, justo antes de irse, se volvió una última vez y terminó: -Bueno... por supuesto, como el propio nombre Aldudénië muestra, hay dialectos del quendya donde tal combinación de sonidos es posible... pero no pensará usted que un mero silvano pueda compararse con un Vanya, ¿verdad? -y, guiñando un ojo, desapareció por fin en dirección a la Biblioteca.

Eleder estaba derrotado. Una pequeña parte de su cerebro le informó de que su café se había enfriado, muestra inapelable de absoluto desorden mental. Y una parte más pequeña aún le hizo percatarse de que, en el hueco dejado por el Vanya, se apelotonaban ahora un buen número de alumnos de Quenya, bien conocidos por el doctor, que le miraban con ojos rojos de furia. Uno de ellos señaló hacia la puerta, luego hacia Eleder, y dijo con grave voz:

-Doc... tenemos que hacer algo.

(continuará... proximamentë)